Una corporación altruista

 

Coreografías muy tangueras y a la vez innovadoras conviven con otras más eclécticas en Remembranzas, el nuevo espectáculo de la compañía Corporación Tango, protagonizado por cinco parejas de bailarines y el cantor Esteban Riera. Todos de gran capacidad técnica en una producción muy atractiva. 
 
      El tango no tiene por qué ser más de lo mismo. Como recordatorio, desde el 7 de noviembre último y por dos martes más brilla en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525, CABA) Remembranzas, el nuevo espectáculo de la compañía de danza Corporación Tango. Un alto nivel técnico, de por sí inusual, está ahí al servicio de coreografías originales, muchas veces de raíz tanguera y a la vez innovadoras. Desde que la iniciativa creadora de Alejandra Armenti y Daniel Juárez se echó a rodar, allá por 2003 en algunas milongas porteñas, su rasgo formal más distintivo fue la incorporación de abrazos atípicos (de tres, cuatro o más integrantes). Cuando dos años después, ambos bailarines (egresados del Ballet Folklórico Nacional y formados con grandes maestros del ambiente milonguero) pudieron estrenar su primer espectáculo teatral en el Complejo La Plaza, sumaron dibujos entre varias parejas y juegos de intercambio entre ellas. Todo con un grado de coordinación y una musicalidad deslumbrantes.
      Doce años pasaron desde entonces, pero no en vano. Armenti y Juárez supieron crear otros shows, como Vibraciones del alma (estrenado originalmente en el Teatro Broadway en 2009), produjeron y concretaron sus propias giras internacionales, desarrollaron una intensa labor docente... hasta un llegar a una actualidad en que la inspiración los encuentra trabajando (como recomendaba Pablo Picasso). Otra vez en pos de un espectáculo de tango diferente, propio, por fuera del circuito comercial y turístico, con todas las ventajas y desventajas que eso implica.
      ¿Qué trae en concreto Remembranzas? Como parte de la marca registrada que es Corporación Tango, un baile tradicional potenciado por el ingenio de los creadores de la compañía, a su vez coreógrafos de los cuadros grupales, pero también por la creatividad de los demás miembros del elenco, artífices de los solos de pareja: Ivana Fleitas y Mauricio Córdoba, Analía Alfaro y Cristian Zalazar, Jimena Calarco y Enrique López y los benjamines Julieta Gerez y Valentín Juárez.
      Ocurrencias, que si son posibles y atraen por su factura técnica, es porque ellos mismos son dúctiles intérpretes. Con sus propios cuerpos como herramientas de expresión, van hilvanando movimientos que por su complejidad y audacia arman un "in crescendo" que impacta. Porque si todo comienza con una reproducción estilizada de "las milongas de hoy" (tal el nombre del primer capítulo), la acción prosigue ya con cierto dramatismo al compás de la cambiante orquesta de Osvaldo Pugliese y se detiene en un homenaje al cantante Jorge Falcón (una figura poco valorada por la historiografía del tango, pero de considerable popularidad en los años '70, sobre todo a través de la orquesta de Héctor Varela), más tarde cobra vuelo poético –y coreográfico– con el tramo que da nombre al show, compuesto por tres canciones en la voz de Esteban Riera. Una de ellas (Cinema paradiso) incluye la participación de Valentín Juárez y Julieta Gerez, dos bailarines sub-10 que sorprenden por lo que demuestran sobre el escenario.
       La audacia tiene escalones más altos en los últimos dos cuadros: un "Piazzollazo" que rompe con los esquemas de la danza tanto como Ástor rompió, en su época, los de la música, y un final por demás ecléctico en el que confluyen movimientos de tango, pop y breakdance, entre otras yerbas. Es entonces cuando vuelve a escena Valentín, cuyo nombre no por casualidad rima con bailarín. Ya pequeño gran artista, el hijo de Alejandra y Daniel homenajea a su ídolo Michael Jackson con un cuadro tan rico como atractivo.
      En todos los casos, las coreografías se desarrollan sobre grabaciones de un amplio abanico de intérpretes instrumentales. Una vez más, Corporación Tango se distingue para bien en la selección del repertorio.
      Así como cada cuadro tiene su clima musical y lumínico (plano éste acaso menos explotado que otros), también el vestuario va mutando con diseños de oportunas estéticas. Ideas de la propia Armenti concretadas por Maricel Gómez y Osvaldo Urban, con calzado provisto por la firma Susana Artesanal.
      La figura de Riera, aunque no tan rutilante como en otros shows, va más allá de lo mencionado. Interviene periódicamente con la solvencia vocal e interpretativa que se le conoce. Si no pesa tanto como en shows anteriores de la compañía acaso sea porque dos de sus canciones son en italiano (lo cual aleja a parte del auditorio del significado de las letras) y, seguramente, por lo desparejo de las pistas sobre las que canta.
      A propósito de la calidad del sonido, cabe preguntarse cuánto de responsabilidad les cabe a los realizadores y cuánto a la sala, habida cuenta de que en la segunda función hubo otros desajustes en las transiciones de audio entre un cuadro y otro, así como un acople muy sutil, pero frecuente, en algunas de las grabaciones (algo que no puede haber formado parte del plan de los artistas).
      En el hacer siempre hay riesgos, pero también motivaciones. Y puentes a nuevos logros. La reflexión viene a cuento de otra de las novedades de estas remembranzas (inclusive respecto del "piloto" presentado hace un año en la localidad bonaerense de San Martín): el uso del video. Desde el arranque y en varios pasajes, una pantalla que ocupa todo el fondo del escenario aporta filmaciones históricas muy emotivas, tanto de las primeras presentaciones de Corporación Tango como de músicos paradigmáticos del género. En ese plano, casi como un reflejo de la pantalla, también hay claroscuros. O altibajos. Todos los registros son valiosos y oportunos, pero algunos tal vez demasiado extensos.
      Lo cierto es que funciona como un recurso más en pos de homenajear a algunas figuras que para los directores de la compañía aparecen al echar una mirada retrospectiva, de esas que permiten "redescubrir aquellos momentos que nos hicieron felices y a los que siempre podremos volver", según declaran ellos mismos en el programa de mano. Al evocar también a referentes de la danza profesional, el video cierra un círculo de diferentes generaciones, con Valentín y su talentosa compañera Julieta como los exponentes de más futuro. Todos dedicados a la danza con talento (algo genético) pero también con dedicación (algo que depende en buena medida de la voluntad). Una combinación de la que Armenti, Juárez y equipo son fieles exponentes.
     
Carlos Bevilacqua

Fotos de Cristina Lippi.

Publicado el 16-11-2017.

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