Cuando la música pasa por el cuerpo


Raly Barrionuevo, Horacio Banegas, José Luis Aguirre, el dúo Orellana-Lucca y Luciana Jury fueron algunos de los artistas más celebrados durante la jornada inaugural del 57° Festival de Cosquín, caracterizada además por una exitosa apelación al baile.

      ¡Qué espectáculo tan gratificante el de la gente bailando! Durante buena parte de la noche de ayer la Plaza Próspero Molina de Cosquín mostraba centenares de brazos arqueados en alto dibujando en el aire los círculos de chacareras, zambas y gatos varios. No fue lo único distintivo de la primera luna del Festival Nacional de Folklore 2017, pero sí algo esencial, tanto que la consigna general de la jornada fue "Apertura para bailar".
      Y vaya si se cumplió. El público bailó mucho con la estridencia santiagueña de Horacio Banegas, voz al frente de una banda poderosa, de esas en las que la batería y la guitarra eléctrica tienen mucho peso. También se bailó mucho con Raly Barrionuevo, ya en la coronación de la grilla y hasta las 4 de la madrugada. No por casualidad los organizadores del clásico encuentro cordobés lo ubicaron al final del cronograma. Lo imaginaban plato fuerte. Y así fue, entre un público mayoritariamente joven. Es más: la multitud pareció recobrar energía con sus casi 90 minutos de zambas intimistas, chacareras festivas y hasta un escondido y una versión rockera de Hasta siempre, comandante. Como confirmando que Santiago del Estero es una usina interminable de admirables músicos populares, también fueron de aquella provincia quienes inauguraron los pasillos como pistas de baile: Manuel Orellana y Rodolfo Lucca, guitarristas, cantantes y compositores que componen un dúo de muy atractivas aristas. La sencillez, la sutileza y la coordinación vocal, pero también la efectividad liderando una banda contundente... todo eso y más cabe en sus potencialidades.
      En rigor, al costado del escenario hay una plataforma de madera montada como espacio de baile, pero el fervor popular desborda con frecuencia ese rectángulo. En ese llamado "Patio de baile" también muestran sus coreografías diferentes compañías de danza, provenientes de todo el país.
      El baile profesional tuvo además una exposición destacada sobre el escenario mayor a través del Ballet Folklórico Nacional con un cuadro llamado "Lancero y selección de vals" que, más allá de su brillo técnico, pareció inoportuno por su carácter formal y más europeo que americano. Acaso lo más logrado en el rubro de la danza escénica haya sido la performance del local Ballet Camín, colorido y elocuente durante la apertura moviéndose al compás del Himno a Cosquín. Al margen de las participaciones menores de otros ballets de mérito, como el tucumano Danza Evolución (ilustrando canciones de Orellana-Lucca) o el De los Aromos (en el tramo protagonizado por el cantautor cordobés José Luis Aguirre).
      Hasta con artistas más "para escuchar" se manifestó anoche el pulso bailable. Si bien el mentado Aguirre sedujo sobre todo con los mensajes y la poesía de sus letras, dio lugar a los movimientos corporales con excentricidades como una "chacarera hindú" y un "huaynavalito" (cruza de huayno y carnavalito). Lo mismo podría decirse de Los Amigos del Chango, esa numerosa agrupación creada por el Chango Farías Gómez y que hoy bien se autodefine como orquesta popular de cámara. Es que la creatividad de los dúctiles músicos que la componen (liderados entre otros por el flautista Rubén "Mono" Izarrualde) puede disfrutarse desde diferentes ángulos. ¿Cómo no entusiasmarse con la versión candombeada que ofrecen de Melodía de arrabal, por ejemplo?
      El mismo Dino Saluzzi, amigo de las especulaciones sonoras más abstractas, supo mostrar un matiz festivalero, aunque sin llegar a levantar a la gente de sus asientos. El bandoneonista salteño, figura en Europa por sus búsquedas a partir de la música autóctona, consiguió empero un respetuoso silencio, a pesar de que tuvo que actuar inmediatamente después de la estentórea apertura del festival, gritos del presentador Claudio Juárez y fuegos artificiales mediante. Algo de transición hubo antes en las palabras del cura párroco de Cosquín, Roberto Álvarez, favorables a la inclusión social, la solidaridad con los inmigrantes y el mantenimiento de la edad de imputabilidad, con las que se cumplió con el rito coscoíno de recibir una bendición católica la noche inaugural.
      Uno de los pocos segmentos no bailables fue el
de la cantante Luciana Jury, sin embargo de lo más interesante de la noche por el grado de originalidad que demuestra, en la elección del repertorio pero sobre todo en la interpretación. Más allá de su capacidad para expresar desgarro, son muchos los recursos vocales que maneja. Y desde una personalidad muy fuerte, esa misma que la llevó a desenvolverse con solvencia en su primer Cosquín y, luego de un rato, a corregir el "Lucía" con que Juárez la había rebautizado al presentarla. Error que el locutor repitió dos veces al despedirla, aun después de la corrección hecha por Luciana en público.
      Un impensado gusto llegó alrededor de la medianoche, cuando Los Trovadores reeditaron una versión de Cuando tenga la tierra (hermosa y contestataria canción de Ariel Petrocelli) siguiendo los arreglos con que la habían presentado en Cosquín 1967, hace ya 50 años. La excusa fue el aniversario redondo que también está cumpliendo el poncho coscoíno, una prenda típica que los cantantes habían recibido en aquel entonces y que inspiró la estética gráfica que este año tiene el festival en folletos, escenografía e internet.
      La jornada inaugural fue también vidriera para la delegación mendocina (artífice del segmento multidisciplinario "Postales de provincia") y para Romina Cáceres y Mauro Maldonado (ganadores del concurso Pre-Cosquín en el rubro pareja de baile).
      Junto al carácter bailable de mucho de lo que sonó, otro rasgo recurrente de la noche de ayer fue el mensaje ambientalista de varios pasajes. La resistencia a una nueva Ley de Bosques que pretende sancionar el gobierno de la provincia, está latente en toda Córdoba. Tanto en la calle como en los discursos de artistas tradicionalmente comprometidos con el monte como Raly Barrionuevo y José Luis Aguirre, quien cerró su show con un conmovedor recitado de un largo poema suyo, alusivo al cuidado de los recursos forestales.
      Todo ocurrió en el marco de un enorme escenario con un impactante arsenal del luces (mucho más impactante que lo que se percibe por televisión) y un potente sonido que llegaba bien a todos los sectores de la plaza (poco menos de una manzana). Es particularmente elogiable la velocidad con que los técnicos rearman el microfoneo del escenario, entre un set y otro, a veces entre formatos instrumentales muy diferentes. Asuntos no menores para que Cosquín no defraude ni a los primerizos ni a los habitués.

Carlos Bevilacqua

En las imágenes, Raly Barrionuevo y Luciana Jury. Fotos de Dani (provistas por la Comisión Muncipal de Folklore de Cosquín).

Publicado el 22-1-2017.

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