El presente de un patrimonio universal


La actualidad del género típico porteño fue el eje del 4° Congreso Internacional de Tango, cuya jornada más nutrida se concretó ayer en el encantador predio de Villa Ocampo (Beccar). Con ustedes, un resumen de lo que consideramos más relevante.

      Valió la pena viajar ayer hasta Villa Ocampo, ese enorme predio ubicado en medio de la zona más aristocrática de Beccar (en el partido bonaerense de San Isidro). En principio, por el hermoso entorno natural de cuidado parque con árboles añosos y por la enorme casa (hoy museo) que perteneciera a la escritora Victoria Ocampo. Pero sobre todo, por la enorme cantidad de datos, reflexiones y opiniones que allí dejaron las ocho disertaciones de la jornada más rica del 4º Congreso Internacional de Tango (CIT), este año focalizado en la actualidad del género.
      Tras una breve apertura a cargo de Teresita Lencina (representante del Centro ‘Feca, la ONG organizadora del evento) y Frédéric Vacheron (en tanto miembro de la UNESCO, organismo de las Naciones Unidas encargado de administrar el fabuloso predio), Liliana Barela (Directora de Patrimonio Histórico del GCBA) se refirió a las acciones de preservación proyectadas por el gobierno porteño tras la declaración del tango como patrimonio cultural de la humanidad, en 2009.
      El tanguero ávido de información sabrosa recién empezó a tener qué degustar cuando, a continuación, el erudito historiador Blas Matamoro trazó una cronología de tangos grabados en Europa en diferentes idiomas desde 1923. Si bien no pudo completar su recorrido por falta de tiempo, Matamoro fue un ameno y didáctico expositor que se preguntó: ¿Por qué el tango conquistó Europa? “Porque las civilizaciones más avanzadas tienen interrogaciones sobre lo más primario y lo más exótico”, se respondió, para luego agregar que se dio un interés similar en otras culturas africanas y asiáticas. En ese sentido, usó el estreno de La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky, como ejemplo de simbiosis entre formas refinadas y temáticas elementales. Lo suyo fue mucho más allá de lo obvio, hasta introducirnos en las particularidades de tangos originales o traducidos que pudimos escuchar cantados en castellano, italiano, francés y hasta rumano. 
      Una breve pausa para un café matutino dio paso luego a la hipótesis de otro cientista social de fuste: Eduardo Romano, autor de una de las más completas antologías de letras de tango. Según argumentó, la propia sofisticación de la poética tanguera a través de Cátulo Castillo, Homero Expósito y Horacio Ferrer fue una de las razones que explican la caída de popularidad del género en la década de 1960. “Esa calidad lo condena al ostracismo”, afirmó, sin desdeñar la escasísima sintonía del tango con el espíritu rebelde de aquellos años.
      A continuación, la escritora Noemí Ulla analizó la forma en que el tango dio testimonio del mundo marginal desde la época de la Guardia Vieja, con el tango Flor de fango (Pascual Contursi) y el vals La Marylin (Alfredo Rubín) como hitos temporales extremos. Aunque profunda, su intervención fue despareja, minimizando la letrística de la segunda mitad del siglo XX y omitiendo la del siglo en curso.
      Recién una vez que repuso energías con un frugal almuerzo en la galería de la casona, el tango estuvo dispuesto a seguir pensándose. Las charlas vespertinas se abrieron con un resumen de la experiencia de inventario de las milongas porteñas, relatado por sus propias autoras, Mónica Lacarrieu y Leticia Maronese. El relevamiento, que buscó radiografiar la naturaleza de los bailes sociales de tango como parte de los requisitos exigidos tras la declaración del tango como patrimonio cultural de la humanidad, tomó como casos testigo a Sunderland, Sin Rumbo, Lo de Celia, Huracán, La Tierrita y La Milonguita, encuentros que cumplieron con los requisitos de ser “poco transgresores”, de diferentes barrios y legitimados por asociaciones de milongas. Curiosamente, para cumplir con las normas de la UNESCO, debían ser los propios milongueros los encargados de encuestar a sus pares. Algo desordenada, la exposición igual sirvió para conocer algunos de los resultados obtenidos, así como las dificultades que enfrentaron las investigadoras.
      Más orgánica, y también por eso más efectiva, fue la ponencia conjunta de Hernán Morel y María Carozzi, quienes llamaron la atención sobre fenómenos ocurridos a lo largo de la década de 1980 que coadyuvaron a la recuperación de popularidad del género y que son eclipsados por la recurrente alusión a los efectos del espectáculo Tango argentino. El primero, evocó los talleres de enseñanza de tango danza implementados por la entonces Municipalidad de Buenos Aires, primero en el Centro Cultural San Martín y luego en diversos barrios como agentes de significativa incidencia. La segunda, postuló que fue recién en los años '90 cuando se produjo una revolución en la manera de enseñar a bailar tango, basada desde entonces en una mayor verbalización de lo que la mayoría de los milongueros sólo podían mostrar con movimientos, enseñando la marca del conductor como clave para el entendimiento corporal entre los dos miembros de la pareja y en clases colectivas. Así fue como surgieron los nombres de Olga Besio, Gustavo Naveira, Susana Miller y Cacho Dante, pioneros de la pedagogía del baile social en esta última etapa.
      Cuando el sol empezaba a caer más oblicuo sobre la sugerente casona (y tras el fugaz paso de unas medialunas junto a un nuevo café en la galería), llegó el primer contrapunto de la jornada, gracias a una mesa redonda entre seis compositores, referentes del tango contemporáneo: Julián Peralta (pianista y líder del sexteto Astillero), Ramiro Gallo (violinista y líder de su propio quinteto), Agustín Guerrero (pianista y líder de una orquesta típica), Max Masri (cantante del grupo de música electrónica Tanghetto), Diego Schissi (pianista y líder de un inclasificable quinteto) y Sonia Possetti (también pianista y líder de sus propias agrupaciones). Las preguntas del periodista Mariano Del Mazo sirvieron de acicates para una atractiva sucesión de opiniones sobre la naturaleza de la producción tanguera actual, su relevancia histórica, su grado de popularidad, el rol del Estado, la incidencia de las nuevas tecnologías y las condiciones que impone la época. “Es preferible relajarse y no andar pensando si integramos o no una segunda Guardia Nueva”, sugirió Gallo. Possetti, en sintonía, sostuvo luego: “Uno lo mejor que puede hacer es ser libre. Lo más importante es que la producción musical sea genuina”. Peralta fue aún más allá al decir: “No sé si es necesario llenar un gran teatro para ser exitoso. Con que el trabajo del músico esté remunerado y se den algunas condiciones básicas, como la de disponer de un buen piano, yo puedo estar satisfecho”. Guerrero, por lejos el más joven de todos, introdujo una consideración sociológica cuando opinó: “El tango actual tiende a profundizar el perfil de música de concierto. No es tanto canción, ni música bailable. Y la verdad es que la actual no es una era de lo auditivo, sino más bien de lo visual. Es más: diría que la capacidad auditiva está bastante atrofiada, con lo cual es muy poco probable que nuestra música se torne masiva”. Cerca del final, Schissi (quien ya había dicho que no se sentía un músico de tango), propuso una autocrítica: “Tal vez nos falte un plus de calidad para lograr vencer todas las dificultades del medio y así lograr llegar más al público”.
      El congreso cerró con el riguroso trabajo de la flautista e investigadora Victoria Polti y la también flautista y musicoterapeuta Valeria Bosio, que si bien fue uno de los que mejor cumplió con la consigna de este año, se vio amputado por la intempestiva orden de culminarlo por parte de los organizadores (a su vez urgidos por los administradores del lugar), cuando sólo se había desarrollado una parte de sus contenidos. Aun así, lograron enumerar varios rasgos distintivos de las agrupaciones musicales surgidas a partir de 1990, como una diversidad de estilos que, grosso modo, podría dividirse en tradicionalistas y rupturistas, cierta porosidad entre ellos, una mayor apertura de los músicos a la utilización de recursos de otros géneros, nuevos sentidos de la producción artística y los cruces que se suelen dar en ciclos y festivales. Más allá del conocido resurgimiento de las orquestas típicas a fines de los ’90 y de la generación de nuevo repertorio (que las disertantes situaron sobre todo en los últimos ocho años), fue muy interesante la recopilación de antecedentes –poco conocidos– que habían dado los años ’80 a través de una red que, según contaron, era conocida como “La movida del tango”, compuesta en buena medida por agrupaciones que incluían instrumentos típicos de la Guardia Vieja, como guitarra y flauta.
      También de los ’80 data la creación de la Escuela de Música Popular de Avellaneda (foro clave en la generación de nuevos artistas para esta última etapa del género), según recordó luego Bosio, quien además sostuvo que fue nada menos que Horacio Salgán quien esbozó los contenidos de la carrera de Tango y citó los nombres de docentes de mucho protagonismo en esa institución pública, como Aníbal Arias, Orlando Trípodi y Rodolfo Mederos. Todas observaciones basadas en el análisis de más de 150 grupos registrados por las expositoras.
      Pipones de ideas, los tangueros con pretensiones intelectuales nos retiramos en buen orden. La tensión que el abrupto final del congreso generó entre los organizadores del evento y las disertantes postreras (acompañadas en su bronca por un par de oyentes) se fue disipando, junto con el público, por las arboladas calles de esa zona del Gran Buenos Aires. Después de todo, los miembros del Centro ‘Feca –al menos a través del cantante Gabriel Menéndez– parecen haber tomado debida nota de la desprolijidad como para intentar evitarla en las futuras ediciones de un encuentro que, por lo demás, volvió a ser tan provechoso como estimulante.

Carlos Bevilacqua

Publicado el 7-12-2014.

N. de la R.: En la primera fecha del CIT '14, celebrada anteayer en el Espacio Virrey Liniers del barrio porteño de San Telmo, habían disertado Sergio Pujol (sobre "Las edades del tango, más allá de la brecha generacional"), Mercedes Liska (sobre "El tango en las resignificaciones ¿posmodernas? de la cultura del baile), Gustavo Varela (acerca de la "Procedencia política del tango actual"), Oscar Conde (refiriéndose a "El tango en el rock") y "Tito" Rivadeneira (dedicado al cantautor Ángel Villoldo). Jornada que fue coronada por una exhibición de los bailarines profesionales José Halfon y Virginia Cutillo.

Foto gentileza del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

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