El swing nuestro de cada martes (2)

     Llevado a evocar algunos pasajes especialmente mágicos de estos 30 años, Inzillo cita tres. Uno de mediados de los ’80: “Estaba tocando Fats Fernández con su cuarteto cuando se escuchó una trompeta que no era la suya, pero que sonaba muy bien. El 'Gordo' miró pero no identificó de dónde venía el sonido, así que siguió tocando y de nuevo esa trompeta furtiva, esta vez haciéndole un contrapunto... Ahí prendimos la luz de la sala y resultó que era Gustavo Bergalli, el trompetista argentino radicado en Suecia, que había llegado hacía poco y quiso darle una sorpresa. Terminaron el tema juntos, chochos de la vida”.
      Otro, del año 2001: “Paradójicamente fue un concierto de piano solo, sin nada extraordinario fuera de lo estrictamente musical. Lo dio Jorge Navarro al cumplirse el primer aniversario de la muerte de su colega ‘Baby’ López Furst. ¡Fue algo tan emocionante! Tocó como con una hipersensibilidad, como si del otro lado del piano lo estuviese viendo a su amigo”.
      Y uno bien reciente, de abril de este año: “Estaba tocando la Orquesta Errante, integrada en su mayoría por músicos de Olavarría, cuando de golpe se cortó la luz. A pesar de que venían leyendo partituras, los tipos siguieron tocando en penumbras. Fue algo hermoso cómo se resignificó la música que estábamos escuchando. La gente, conmovida por el profesionalismo de los músicos, los aplaudió de pie varios minutos. Como bonus track, unos meses después me entero que uno de los músicos que había tocado esa noche, Ignacio Urban, era el nieto de Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo”.
      Las sesiones de Jazzología fueron animadas por músicos de variados estilos, consagrados y emergentes, argentinos y extranjeros. Entre las celebridades, estuvieron Enrique “Mono” Villegas, René Cóspito, Ken Hamilton, el uruguayo Osvaldo Fattoruso, el chileno Hernán Oliva, el italiano Enzo Rocco, la suiza Sophie Lüssi, la japonesa Tomoko Ohno y los estadounidenses Jon Seiger, Betty Carter, Chuck Wayne, Charles Frazier y Conrad Herwig.
      Tantos años de buena música redundaron en sensaciones curiosas, como la que el saxofonista Rodrigo Domínguez le transmitió hace unas semanas al organizador del ciclo, cuando le comentó: “Pensar que yo venía de chico con mi viejo a escuchar música y ahora soy yo el que toca. Por eso, no te imaginás cuánto me emociono cada vez que me subo a este escenario”.
      En el camino, también fueron muchos los reconocimientos que recibió Inzillo como factótum del ciclo, pero hay dos que multiplican su llegada. Por un lado, las filmaciones de los shows que el Canal de la Ciudad emite los sábados a las 22; por otro las transmisiones en directo que FM Urquiza (91,7 MHz) realiza de los conciertos cuando se realizan en el Complejo Cultural 25 de Mayo.

Los festejos

      Como es de suponer, semejante aniversario merecía varios martes de festejo. Y así se está dando, desde principios de mes, con el quinteto del saxofonista austríaco Karlheinz Miklin (que tocó el 2), el grupo plurinacional Vibratanghissimo (que se presentó el martes último) y con ediciones especiales que continuarán mañana con la Porteña Jazz Band condimentada por la voz de Graciela Arenas y el baile de Ernesto y Claudia Biggeri (a las 20:30 en el Teatro 25 de Mayo, Av. Triunvirato 4444. CABA), el 23 con el Proyecto Probosci (cuya libertad estilística reconoce influencias del flamenco), también en la sala de Villa Urquiza y el 30 con la Creole Jazz Band (histórica cultora del estilo Nueva Orleans en el ámbito local), ya de regreso en el San Martín. En todos los casos, las entradas –gratuitas– estarán disponibles desde las 18:30 en la boletería de la sala de cada concierto.

Carlos Bevilacqua

En las imágenes, Carlos Inzillo jugando de local entre los incontables discos de su colección. En la segunda, acompañado además por el primer afiche de Jazzología. Fotos tomadas por el autor del artículo.

Publicado el 15-9-2014.

LA DEL ESTRIBO

De nuestra serie “Temas calientes”: ¿en la balada jazzera I’m misbehaving la protagonista va a menos? ¿Estamos ante un caso de incentivación o soborno?