Ese fuego sagrado


Forever young, el musical estrenado en Argentina en 2012, inició esta semana su despedida del público argentino en el Teatro Metropolitan Citi. Presenciamos el reestreno de una obra que logra desdramatizar el tópico de la vejez a través de la música y el humor.

      ¿Quién tiene totalmente asumido el inevitable final? ¿Cómo resignarse a nuestra desaparición física, aunque sea consabida y gradualmente anunciada? El asunto es tan antiguo como la humanidad misma, pero nunca llegamos a elaborarlo del todo. Experiencias como la de presenciar Forever young ayudan a asumir con dignidad ese momento de "entregar el equipo" (tal como canta Serrat) o de "devolver la vida que nos han prestado" (según canta Peteco Carabajal). En la obra, cuya versión argentina fue estrenada en 2012 en el Teatro Picadero y reestrenada el miércoles último en el Metropolitan Citi, la música y el humor sirven para abordar un tema cuasi-tabú: el de la tercera edad.
      Son varios los "achaques" físicos que limitan la movilidad de los seis adultos mayores que protagonizan las acciones. Es más: todos tienen además alguna clase de deterioro cognitivo, natural para pacientes de un geriátrico. Sin embargo, sus espíritus no parecen haber envejecido en la misma medida, según puede comprobarse cada vez que la enfermera se retira del living que comparten. Y como en sus juventudes todos fueron artistas profesionales, son capaces de dar curso a una desbordante vitalidad a través de la música y la actuación. Por el espíritu de transgresión, el tiempo libre del que disponen, las evidentes limitaciones que enfrentan y los cuidados que requieren, nos recuerdan cuánto se parece la vejez a la infancia. Sugerente paradoja la de los dos extremos de la vida, unidos por tantos parecidos.
      Curiosamente, los personajes mantienen los nombres de sus intérpretes. Walter Canella es un otrora cantante y bailarín de musicales que pronto se revelará como el menos conflictivo de todos. Melania Lenoir, una malhumorada cantante que sólo interviene para maldecir; o para cantar, claro, ya que la música "los puede" a todos. Christian Giménez y Mariela Passeri constituyen una pareja de ex-actores que mantienen el idilio original, ahora con mucho lugar para la paciencia. El grupo de internados se completa con Germán Tripel, un rockero huraño hasta lo desagradable. Aunque con menos protagonismo vocal, el pianista Pablo Bronzini es fundamental en el cancionero de Forever young, aportando el sustento instrumental de todo el espectáculo. Andrea Lovera, por último, se luce como una rigurosa pero fatigada enfermera que intenta domesticar los impulsos de los ancianos. Caracterizados para la ocasión, todos son intérpretes jóvenes de rica trayectoria en el teatro musical argentino. El talento para actuar, cantar (y hasta bailar) con similar impacto los distingue desde los primeros minutos.
      Como las escenas están ambientadas en un hipotético año 2050, las nostalgias musicales de los personajes apelan a canciones contemporáneas, particularmente del rock y del pop. Un vasto repertorio dirigido y arreglado por Gaby Goldman, especialista en materia de musicales. Además de aprovechar la versatilidad de los intérpretes, el variopinto mosaico de músicas revela una notable pericia por parte de los adaptadores de una obra estrenada originalmente en Oslo (Noruega) en 2010. Los textos del autor suizo-alemán Erik Gedeon recibieron primero una adaptación española por parte del grupo catalán Tricicle y luego una argentina en manos de Pablo Kompel, Sebastián Blutrach y Daniel Casablanca. Ellos tuvieron que quitar y agregar fragmentos de canciones y alusiones de los diálogos para que todo pudiera ser rápidamente decodificado por los argentinos. De hecho, el libreto incluye muchos chistes que no funcionarían en otra parte del planeta.
      Tal como puede comprobarse a lo largo de la función, las obsesiones que nos acompañan fielmente desde nuestros primeros años también están, muchas veces exacerbadas, durante la vejez. Pero no sólo la música es vehículo para que los personajes se expresen. También el teatro: en muchos pasajes interactúan con textos de Shakespeare que hablan explícitamente sobre la muerte.
      El ensamblado de tantas piezas heterogéneas corrió por cuenta de Daniel Casablanca (ex-Los Macocos), como director de una puesta que tiene en Kompel y Blutrach a sus productores generales. En esta nueva etapa, Forever young estará en escena durante doce semanas, con funciones de miércoles a domingos y entradas entre 180 y 240 pesos en Av. Corrientes 1343, CABA.
      El hecho de que la mayor parte de las músicas interpretadas en escena se hayan popularizado en los últimos 30 años facilita la identificación del público joven con los ancianos, algo sano pero poco común. Empatía, más que mera piedad, es lo que despiertan los artistas retirados que hacen honor al nombre del espectáculo (“forever young” significa “por siempre joven” en inglés). Desde el principio, una reivindicación del impulso vital atraviesa todas las escenas hasta condensarse en un emotivo monólogo final de Passeri, quien en un pasaje recomienda: “Disfruten el momento”.

Carlos Bevilacqua

En la imagen, de izquierda a derecha: Giménez, Canello, Passeri, Lenoir y Tripel, los cinco protagonistas principales. Foto tomada del Facebook de la obra.

Publicado el 11-1-2014.

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