Cuerpos que saben indagar

Caetano por divas y divos de Mónica Fracchia y La instrusa de Víctor González son obras bien distintas, pero unidas por la calidad que mostraron como parte del Festival RojasDanza. Volverán a escena entre hoy y el 29 de junio.

      El Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, es un polo artístico de identidad muy definida. Más allá de sus famosos cursos, se destaca como vidriera para expresiones teatrales no comerciales, muchas de las cuales incluyen danza. El Festival RojasDanza, por estos días en su tercera edición, bien puede ser visto como una muestra condensada de las obras que a lo largo del año pueblan sus salas de movimientos atípicos.
      Uno de los nombres más fuertes del RojasDanza 2013 es el de Castadiva, compañía creada y dirigida por Mónica Fracchia. Como parte de los festejos por sus quince años, el grupo ofreció la semana pasada un programa mixto que repetirá parcialmente los días 26, 27, 28 y 29 de junio, a las 21, siempre en la Sala Batato Barea de Av. Corrientes 2038 (CABA).
      La primera mitad, que se repetirá la semana próxima, consiste en una deliciosa sucesión de coreografías inspiradas en versiones del cantante brasileño Caetano Veloso. Un cuadro grupal masculino al ritmo del vals peruano Fina estampa abre la serie con ingeniosos juegos en torno al garbo seductor de los caballeros. Le siguen dúos pletóricos de alegría y vitalidad: los hay a cargo de ex-bailarines de Castadiva que se sumaron para el festejo, como Facundo Mercado y Soledad Buss (quienes interactúan con Hernán Nocioni en la canción italiana Come prima) o de actuales miembros de la compañía, como Alexis Ledesma y Micaela Quesada para la mexicana María bonita. Al sonar el tango Cambalache, es Jimena Visetti quien, en brazos de Hernán, soprende moviéndose de rodillas pero con las mismas ínfulas de quien está sobre altos tacos. El romanticismo de Un vestido y un amor habilita otro tramo de cautivante belleza gracias a la ductilidad de Ramón Salina e Ilana Schvetz, primero y de Glenda Casaretto y Lucas Flores, después. Glenda vuelve a brillar en el último solo, ya con Mauro Ibarra como partenaire y con un relato deportivo de Salina en hilarante recurso. Cierra el segmento un hermoso grupal femenino para Patricia, redondeando así un grato reflejo del eclecticismo que caracteriza a la compañía.
      Aunque en clave mucho más críptica, la segunda mitad confirma tanto la creatividad de Fracchia (responsable de todas las coreografías) como el talento de sus bailarines. Las acciones de un Pandemonium aluden, entre otros tópicos, al vampirismo, sugerido en cuentos de Julio Cortázar y Macedonio Fernández. En las funciones de esta semana ocupará ese tramo Mozartiana, obra de 2007 que traza un recorrido vital con música del famoso compositor austríaco como banda sonora.

Variaciones en rojo

      La apropiación del triángulo amoroso que narra Jorge Luis Borges en su cuento La intrusa es el primer paso que da Víctor González, coreógrafo y director de la obra homónima. Aquel drama pasional impregna tanto la performance corporal como la composición musical de Rafael Delgado, quien dirige y a la vez forma parte de un trío de violonchelos que completan Juan Manuel Costa y María Emilia Natali.
      El vínculo entre los tres personajes es complejo: dos hombres pelean por una mujer pero no terminan de revelarse como completos antagonistas; en esa relación los descubrimos enfrentados pero también unidos. Y es en la precisa coreografía que esto se hace evidente. Con alternancia de solos pero predominio de dúos en los que sobresalen los masculinos (dúctil y precisa interpretación de Nicolás Baroni y Damián Roezgas), se desarrolla una historia que más que pasión revela el costado fraternal y trágico que marca el destino de los hermanos Nielsen, personajes de La intrusa borgeana. En su composición coreográfica, González fija la tragedia que determinará la relación entre los tres protagonistas.
      Con dos bancos rojos y una tela a tono, el director crea un mundo con tintes de aquel último Aniceto que nos legara el gran Leonardo Favio. En franco diálogo con la música, los cuerpos expresan dolor, traición, amor filial y pasión desbocada. El escarlata se proyecta polisémico y logra, a través de la danza y la expresión de los bailarines, transformarse en la cabellera anaranjada de los Nielsen literarios, la sangre que los une, la pasión y los celos que los separan. Sus brazos reciben y casi al mismo tiempo rechazan, hasta confundir a una mujer que, cosificada, interfiere casi sin conciencia entre los hermanos y que, como objeto, termina siendo apartado. La Juliana (correcta Gabriela Ponce de León), ya sin valor de uso ni de cambio, es abandonada tras ser silenciada. Cuerpo inerte que cada bailarín manipulará con similar talento.
      Tras una primera función ofrecida la semana pasada, La intrusa volverá a ofrecerse hoy y el sábado 29, a las 22:30, en el Auditorio Abuelas de Plaza de Mayo del Rojas. Como las demás obras del festival, con entradas a $20.

Carlos Bevilacqua
Larisa Rivarola

Fotos: arriba, una escena de Mozartiana, tomada por Victoria Joaquín; abajo, una de La intrusa, gentileza de Rafael Delgado.

Publicado el 22-6-2013.

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