Delicias de la patria grande


En su cuarto disco, el Sexteto Vocal Cabernet deleita con canciones folclóricas latinoamericanas en exquisitas versiones arregladas por Lucho González. Sobre ese trabajo, que presentarán esta semana en el CAFF, charlamos con dos de los tenores del grupo: Ale Dolina y Patricio Witis.

Con su encanto eterno, la voz humana remite a lo más básico de la música, eso que surge naturalmente a tempranísima edad. Algo visceral, primario y a la vez austero se mantiene como fascinante esencia, tanto en el canturreo desacompasado de un niño como en las expresiones vocales más sofisticadas. Casos como el del Sexteto Vocal Cabernet potencian esa magia a través de exquisitos arreglos de canciones populares y de virtuosas interpretaciones, que recibidas en vivo forman parte de un show cuasi teatral, nunca exento de humor.
Los Cabernet volverán a desplegar sus carismas el viernes 31-5, desde las 21, cuando presenten en el CAFF (Sánchez de Bustamante 764, CABA) el cuarto disco de la agrupación nacida en 2002. Se trata de ¡Bombo!, el primero de repertorio homogéneo: está compuesto por canciones del foclore latinoamericano, con preeminencia del argentino, que constituye la mitad de las diez pistas. Así es como conviven clásicos de la región como Fina estampa (de la peruana Chabuca Granda), Vidala para mi sombra (del argentino Julio Santos Espinosa) o Lágrimas negras (del cubano Miguel Matamoros) con una mayoría de piezas menos transitadas, como A pique (Juan Quintero), Dos corazones (Francisco Flores del Campo), Río de los pájaros (de Aníbal Sampayo) o Lucio Cotito (de Guillermo Galvez Ronceros).
      La unidad conceptual del disco se percibe también en los arreglos, compartidos entre los seis cantantes y Lucho González, guitarrista, compositor y productor peruano de vasta trayectoria, particularmente en el rubro de la música popular latinoamericana. Cuenta Ale Dolina, tenor del sexteto: "Los discos anteriores, que tenían un poco de todo, con cierto predominio del jazz, los habíamos producido nosotros. Esta vez quisimos una mirada desde afuera. Fue un proceso lindísimo el que se dio con él, porque estuvimos un año eligiendo y descartando temas. A veces a partir de una grabación, otras veces él agarraba la guitarra y sacaba conejos de la galera".
      Los resultados conseguidos están a tono con esa belleza que evoca Dolina. Su voz, entrelazada a las de Marcos Lozano (contratenor), Diego Mercado (tenor), Manuel Moreira (tenor), Diego Pietropaolo (barítono) y Pol González (bajo) tejen unas texturas de gran elaboración, pero accesibles a cualquiera. Una dulzura cautivante domina buena parte del juego vocal, que no por eso deja de adquirir un tono infantil en La vaca estudiosa (María Elena Walsh), metafísico en Hayno del diablo (co-escrito entre Lucho González y Jorge Fandermole) o sensual en Cravo o canela (Milton Nascimento), el único tema en portugués. "Creo que el aglutinante del grupo sigue siendo el tipo de arreglos, que nacieron muy jazzeros y que, de alguna manera, se mantuvieron a través de los discos. Son arreglos muy particulares, corales pero también con muchos solos", opina Patricio Witis, quien desde fines de 2012 reemplaza a Mercado.
       Si bien las voces tienen un protagonismo excluyente, no es lo único que se escucha en ¡Bombo! Una sutil percusión (a cargo de varios especialistas) y a veces la guitarra también módica del co-productor aportan oportunos climas. Sólo dos temas suenan estrictamente a capella, modalidad que era más común en los primeros discos. "Nunca nos propusimos prescindir de los instrumentos –aclara Ale–. Siempre buscamos el mejor resultado musical. Cuando vimos que podíamos tocar y que eso le iba a sumar a la versión, no tuvimos empacho en hacerlo". Como varios de sus compañeros, él mismo tiene conocimientos de piano, guitarra y percusión.
      Entre los instrumentos que sostienen lo vocal está el que da nombre al CD, tambor de madera y cuero que en la Argentina adquirió rasgos propios y se transformó en símbolo de la música folclórica. Al respecto, dice Witis: “Nuestro bombo tiene un sonido más seco, más a tierra, que el de otros folclores latinoamericanos, lo cual genera una conexión muy fuerte. El público escucha dos golpes de bombo y enseguida se genera una empatía. Pero no fue algo que buscamos sino que fue apareciendo en la elaboración del disco”. Dolina, hijo del famoso conductor radial, termina de ‘desacralizar’ el asunto: “No hicimos una reflexión sobre lo que representa el bombo porque tampoco buscamos una reivindicación de la cultura argentina o latinoamericana. Simplemente fue la mejor vía que encontramos para acompañar lo que queríamos cantar en ese momento. Es más: es posible que en el disco esté más presente el cajón que el bombo. Pero ponerle ‘Cajón’ era un poco tétrico” (risas).
      Consultados sobre posibles parentescos entre Cabernet y los estilos de históricos grupos vocales argentinos, ambos coinciden en desmarcarse. "Sabemos de la importancia de esa tradición y la admiramos muchísimo. De hecho, teníamos una excelente relación con el Chango Farías Gómez. Pero, honestamente, creo que nuestras influencias más fuertes vienen de grupos vocales extranjeros, como Take six, o no vienen de grupos vocales”, opina Ale, tras lo cual Patricio agrega: “En todo caso, podríamos decir que somos un poco leluthierescos, pero las mayores influencias llegan a través de la muy variada música que escuchamos los seis, que además por nuestros otros trabajos nos movemos en ámbitos musicales diferentes”.

Carlos Bevilacqua

Publicado el 26-5-2013.

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