Sonidos de la tierra colorada (1ª parte)


Desde anteayer y hasta mañana se desarrolla en Posadas el 43er Festival de la Música del Litoral, un fascinante abanico del folclore regional. En esta crónica, un resumen de lo ocurrido durante las dos primeras jornadas con el fervor del público misionero como marco.

       Con el Paraná de fondo, la imagen que el espectador tiene en el Anfiteatro Manuel Antonio Ramírez es altamente simbólica. El escenario donde por estos días se celebra el Festival Nacional de la Música del Litoral está ubicado sobre la costa de la capital misionera. El agua, que allí fluye de espaldas a los artistas y de frente al público, tuvo desde siempre un enorme peso en las letras regionales. De noche, el paisaje gana una carga poética extra gracias a las vicisitudes del cielo primaveral, las luces de la ciudad paraguaya de Encarnación marcando el horizonte y la exuberante vegetación del parque costero en el que está emplazado el auditorio.
      Organizado por la municipalidad local, el festival sumó este año una fecha más a las tres que venía ofreciendo, otra vez con entradas a precios económicos ($25 para cada noche con la opción de poder ver las cuatro por 40). Como las anteriores, esta 43ª edición es un amplio muestrario de expresiones consagradas y emergentes, con predominio de las generadas en la provincia de Misiones.
      La primera jornada arrancó compleja: una lluvia leve amenazó con suspenderla apenas empezado el segundo show y, poco después, un corte total de electricidad dejó él ámbito a oscuras por varios minutos. Paradójicamente, en ese rato lograron cautivar Los Argus, grupo vocal familiar que venía de ganar su categoría en el concurso pre-festival. Los Argüello (padre y dos hijos) coordinaron sus afinaciones para un repertorio romántico que, ante las carencias, siguió sonando sin amplificación y en la penumbra. Lucas, el más pequeño, se metió al público en un bolsillo al cantar mientras subía las escaleras del auditorio para poder ser oído.
      Otro ganador del certamen pre-festival que protagonizó un rato de grata intensidad fue el formoseño Jorge Domínguez, de pareja solidez en voz y guitarra al abordar algunos clásicos regionales como Pescador y guitarrero.
      Al promediar la noche, llegó el deleite que siempre brinda el Chango Spasiuk, hijo ilustre de Misiones.Tarefero de mis pagos, Adiós Villa Guillermina y parte del contenido del CD Pynandí fueron excusas para que el acordeonista de Apóstoles desarrolle su creatividad en compañía de dos guitarras, un violín, un chelo y percusión.
      A continuación, el "Negro" Rada encendió las gradas con su música y su carisma. El suyo debe ser uno de los pocos shows capaces de generar tanta adhesión sin cumplir con la consigna de incluir folclore local. Líder de una poderosa banda, el uruguayo hizo cantar y bailar a buena parte de la multitud con su variopinto repertorio.
      Los Hermanos Núñez se ocuparon luego de recuperar el sabor autóctono, esta vez sin las sutilezas percusivas del Chacho Ruiz Guiñazú. El bandoneón de Juan y la guitarra de Marcos se acercaron más a una especie de "heavy chamamé", acaso por los toques de batería a cargo de Darío Vega, los solos desaforados de Marcos y un microfoneo algo distorsionado.
      Aquella noche se cerró con el carisma de Los Alonsitos, eficaces animadores del escenario con una propuesta bailable y amena. Un nuevo chaparrón, esta vez más intenso, dio un matiz original a la última parte del recital de los correntinos.
      La segunda noche estuvo marcada por la actuación de Abel Pintos, objeto de devoción por parte de casi todo el auditorio femenino. Con un show que empezó poco antes de las 2 de la madrugada, el cantante de Ingeniero White cerró la jornada navegando, como mejor sabe, entre el pop, el rock y los condimientos folclóricos. Respaldado por una poderosa banda, se despachó con baladas, canciones como Alelí (Víctor Heredia) y material de su disco Re-evolución.
      Antes habían pasado por el escenario ribereño muchos artistas locales de relieve. Entre ellos, Los Acuña (conjunto histórico de virtuosos instrumentistas, dedicado a la música latinoamericana en general), Sabina Belén (dueña de una muy buena y educada voz que ya había tenido reconocimiento en televisión), Los hermanos Brítez (conjunto chamamecero tradicional compuesto por dos guitarras, bandoneón y contrabajo ejecutados por jóvenes intérpretes), Fabián Meza (cantautor de voz tan profunda como sus letras) y Los 4 Ases, con una música de reminiscencias centroeuropeas que supo agitar el auditorio hasta la fiesta.
      Las dos noches se presentó además el Ballet Oficial de la Fiesta. La primera, con un mosaico de danzas originarias del litoral argentino, del Paraguay y del sur brasileño en lo que dieron en llamar Sin fronteras. La segunda, con una evocación del pasado misionero a través de Museo, ingenioso juego entre la quietud y el movimiento con personajes prototípicos como el aborigen guaraní, el gaucho y el inmigrante europeo. En ambos casos, con gran técnica, colorido vestuario y ajustados dibujos grupales.
       Para hoy está prevista la tercera jornada, con figuras históricas como Ramón Ayala, Las Hermanas Vera, Salvador Miqueri y María Ofelia. El cierre llegará mañana con el Ballet Esencia de mi tierra, Julián Zini, Joselo Schuap, Soledad y Los de Imaguaré, entre otros siete números artísticos y la entrega del Mensú de Oro, premio que implica un alto reconocimiento en el circuito musical de la provincia.

Carlos Bevilacqua

En la imagen, Rubén "Rulo" Grabovieski, líder del grupo Los 4 Ases.

Publicado el 24-11-2012.

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