Un tónico para cuerpo y espíritu


La Orkesta Popular San Bomba potencia las propiedades de la cumbia tradicional colombiana con una formación numerosa, que reedita la amplitud tímbrica de las bandas de pueblo. Los resultados, tan originales como bailables, estarán disponibles mañana desde las 17 en Tecnópolis.

       ¿Cómo hacer para que 22 músicos suenen bien ensamblados? Las respuestas pueden ser muchas, pero uno de los pocos que puede dar algunas claves con conocimiento de causa es Matías Jalil, director de la Orkesta Popular San Bomba. Formada a fines de 2008, la multitudinaria agrupación empezó repartiéndose equitativa entre diferentes ritmos folclóricos de Latinoamérica, pero con el tiempo se fue focalizando en la cumbia tradicional colombiana, sin abandonar del todo otros ritmos andinos. No como una mera reproducción de las raíces sino con un enfoque propio, abierto a diversas influencias. Cuerdas, bronces, percusiones varias y una cantante convergen en un cóctel sonoro compacto, ante el que es difícil permanecer quieto.
      “La nuestra es una sonoridad atípica. Lo único que tenemos de orquesta tradicional es que somos muchos y que trabajamos por secciones, pero mezclamos timbres que no se suelen mezclar. No sé de otro grupo con esta cantidad y tipo de instrumentos”, diagnostica Jalil, además guitarrista y arreglador de la banda que en los últimos meses accedió a escenarios masivos, como Tecnópolis, Ciudad Cultural Konex, Auditorio del Oeste, Centro Cultural del Sur y al Festival Internacional de Folklore de La Plata.
      “La cumbia forma parte de mi historia personal. Crecí escuchando folclore y cumbia argentina. Mi viejo era tachero y me llevaba al jardín en el taxi, escuchando a Los Wawancó o a Adrián y Los Dados Negros”, cuenta Matías, como inicio de una eventual genealogía de San Bomba, que mucho más acá en el tiempo tendría otro hito en la gira que la banda realizó por las costas de Venezuela y Colombia, en 2010. Para Clara Lodillinsky, en cambio, la cumbia empezó a representar algo musicalmente interesante recién en los últimos años: “Tal vez por ser más joven, para mí la cumbia era esa cosa noventera para bailar en las fiestas. Empecé a conocerla mejor de la mano de Matías, al tomar clases con él. Y después también a través de gente de la Escuela de Música Popular de Avellaneda”, resume la trompetista de la orquesta.
      Entre los recursos que dan sabor a San Bomba se siente lo que ellos mismos definen como “condimentos balcánicos”. Al respecto, Jalil precisa: “A mí me gusta mucho Goran Bregovic. En las melodías usamos algunas escalas gitanas o húngaras, que ya dan un color diferente. Y las composiciones están gestadas desde cierta fusión entre música latinoamericana y klezmer”. El repertorio en sí está compuesto en su gran mayoría por músicas compuestas por él, que en algunos casos llevan letras de Paula Peyseré, a su vez percusionista de la banda.
      Desde el nombre, los miembros de la "orkesta" presumen de la "k" no por anarquimo o kirchnerismo sino en tanto atípica, al tiempo que se declaran devotos de una deidad contestataria, surgida a partir de la expresión de asombro "zambomba". "Lo de 'popular' es porque hacemos música popular y además por al concepto de orquesta abierta, donde pueden convivir instrumentos muy diferentes", apunta el director. 
     A pesar de lo que podría sospecharse, la orquesta no tiene problemas para juntar a todos sus miembros en un ensayo. Hace ya dos años que coinciden un día por semana, lo mismo que cada uno con su sección. Otro aspecto delicado, el del microfoneo, también lo tienen resuelto gracias a un sonidista que trabaja con ellos inclusive mientras ensayan. “Estamos muy organizados, lo cual es indispensable. Si está la música pero falta esa organización, la cosa no funciona”, asegura Matías. Su trompetista suscribe al calcular: "Si no hubiésemos armado esta estructura para profesionalizarnos, estaríamos tocando sólo en nuestros cumpleaños”. Pero ya se plantean reformas, según adelanta él: "Son muchas las tareas no musicales que tenemos que afrontar. Yo soy de una generación muy independiente, para la que 'manager' era una mala palabra, pero la experiencia nos indica que tenemos que empezar a delegar algunas tareas”.
      Con todo, los esfuerzos se ven recompensados cuando el auditorio de cada show, compuesto en general por gente joven, empieza a balancearse, cuando no a bailar abiertamente, algo que se va transformando en costumbre. “Se arma un ida y vuelta, porque vos tocás, la gente te devuelve en movimiento y así te sentís mucho más motivado para tocar. Que la gente baile es lo más, porque nos hace sentir que lo estamos armando entre todos”, se emociona Jalil.
      No casualmente el único disco de la orquesta se titula Sal de tu cuerpo. Allí quedó plasmada la contundencia expresiva de la banda a través de una edición llamativamente original, de apenas cinco temas pero con un arte de tapa lleno de sutilezas que replican el colorido y la alegría de la música.
      El plantel completo de San Bomba dará una muestra en vivo y gratuita de lo descripto mañana, desde las 17, en Tecnópolis (Av. Gral. Paz entre Av. Balbín y Av. de los Constituyentes, Villa Martelli, Provincia de Buenos Aires).

Carlos Bevilacqua

Publicado el 27-10-2012.

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