Desafiando los límites del cuerpo

Con lenguajes en principio alejados, La pista tango deslumbra por el nivel técnico de sus acróbatas en un clima ameno y con oportuna música en vivo. La obra, integrante del Festival Buenos Aires Polo Circo, vuelve a ofrecerse esta noche, gratis, en el Centro Cultural San Martín.

      Mientras el público se va ubicando en las butacas, los músicos tocan temas de Gustavo Mozzi, esos que serán la banda sonora de toda la noche. Música en vivo. He ahí un primer rasgo de un show que tiene mucho de antaño. La naturaleza del espectáculo remite al viejo varieté, en tanto consta de variedades (a lo largo de una hora hay teatro, danza, acrobacias y humor, además de música en vivo). Por otro lado, cabe recordar que el del circo fue el primer ámbito en el que los cantores populares consiguieron un público dispuesto a pagar una entrada para escucharlos, en el último cuarto del siglo XIX. Y también podemos hablar de un show con mucho de retro porque, tanto desde el título como en varios pasajes, el tango tiene una presencia más o menos explícita.
      Tales son algunas de las características de La pista tango, obra que se presentó ayer como parte de la programación del 4º Festival Buenos Aires Polo Circo, organizado por el Gobierno de la Ciudad. Una puesta que cuenta con los saberes de Mario Pérez como director de las rutinas circenses y de Mario Morales como especialista en tango y asesor coreográfico.
      Ya con todos los espectadores en sus lugares, arrancan las acciones fuertes: una serie de acrobacias impresionantes por el grado de entrenamiento y concentración que requieren. Los encargados de las piruetas demuestran un sentido del equilibrio impactante. No se limitan a la construcción de torres humanas. Pronto incorporan otros elementos, como una espada o una bandeja con copas de cristal. Cada artista circense tiene, quien más, quién menos, su tramo de lucimiento solista. Uno de ellos brilla en la manipulación de tres sombreros. Otro desarrolla sus malabares con cajas de cartón que desafían la gravedad. Todo es digno de admiración. Los aplausos brotan con frecuencia para Ezequiel Barrile, Constanza Andreozzi, Silvina Paemaa, Lucas Kamin y Leandro Guerstein, los artífices de tanta magia corporal.
      En tanto, los bailarines de tango Mario De Camillis y Bárbara Wainnright despliegan sus talentos de manera continua en dos pasajes, como virtuosos cultores de un sobrio baile de pista. El resto del tiempo interactúan con los acróbatas más como actores que como bailarines.
      Todos se mantienen siempre en torno a la pista, atentos a lo que va haciendo cada compañero de elenco. Nótese que el término “pista” designa tanto el sector específicamente destinado al baile en una milonga como a la arena en que se desarrollan los diferentes números en un circo.
      Como si esto fuera poco, la mayoría de los cuadros son ilustrados por los trazos que en tiempo real va dibujando Federico Mozzi, hijo de Gustavo. Así, la pantalla ubicada detrás del escenario funciona como plano de sugerentes comentarios gráficos.
      De una originalidad fascinante, la música es mucho más que un mero acompañante de los hechos. Sirve para subrayar el suspenso de algunas instancias, la dinámica de otras o la hilaridad de varias. Siguiendo los parámetros más clásicos de musicalidad, los intérpretes aprovechan a veces ciertas aristas del ritmo para potenciar el efecto de algunos movimientos. Esa música es generada in situ por un combinado de notable performance. Lo cual no sorprende al conocer sus nombres: Daniel Falasca en contrabajo, Santiago Polimeni en bandoneón, Martín Pantyrer en saxo y clarinete, Matías Grande en violín y Gaspar Tytelman en percusión.
      Una crítica que podría hacérsele a La pista tango es que descansa demasiado en las destrezas de sus protagonistas. El concepto general de la obra, lo mismo que un lenguaje de fusión que podría amalgamar mejor las acciones, no llega a vislumbrarse con claridad.
      Pero la cadena de escenas deja una sonrisa dibujada en los rostros de la gente. Un resultado loable cuando llega de la mano de recursos técnicos como los que ostentan, para asombro de todos, acróbatas y bailarines. Asimismo, en el tono de las acciones late una inocencia que la hace apta para espectadores de todas las edades, generando lo que antiguamente se proclamaba en los cafés como “atmósfera familiar”.
      Esta obra se había estrenado el año pasado en la carpa principal de Buenos Aires Polo Circo, ubicada en el barrio porteño de Constitución. Allí mismo tuvo luego otro ciclo de funciones, pero para estos nuevos compromisos no fue mucho el tiempo del que dispusieron los artistas para ensayar todos juntos.
      La pista tango se volverá a ofrecer hoy a las 19 en la sala Multipropósito (ex Sala A-B) del Centro Cultural General San Martín, Sarmiento 1551, CABA. Las entradas, gratuitas, se retiran en la recepción del centro cultural, un rato antes de la función.

Carlos Bevilacqua

En la imagen, un pasaje de La pista tango. Foto del sitio del festival.

Publicado el 6-5-2012.

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