Ese enigma llamado afrobeat


¿En qué consiste el género musical creado por Fela Kuti? ¿Desde qué instrumentos se produce? ¿Qué anclaje tiene de este lado del Atlántico? Estuvimos en el primer Festival Latinoamericano de Afrobeat, celebrado la semana pasada en Buenos Aires, para acercarnos a algunas respuestas.

      La consigna era por demás atractiva, por original y por enigmática. Al menos para la mayor parte de los argentinos, la música del multiinstrumentista y cantautor nigeriano Fela Kuti no es moneda corriente. La palabra “afrobeat”, género al que dio a luz con sus creaciones, tampoco aclara mucho el panorama. Sin embargo, sobre esos dos conceptos se basó el Festival Latinoamericano de Afrobeat (FELA), cuya primera edición, celebrada el miércoles pasado, juntó a una considerable cantidad de público en el patio de Ciudad Cultural Konex.
      La primera del otoño fue una noche agradable, apenas fresca, ideal para disfrutar al aire libre del evento organizado por Re-productora y la revista Porco. Poco después de las 20, el escenario se iluminó y dejó ver con nitidez a los doce integrantes de Tam tam afrobeat, una banda nacida en 2006 que empezó a calentar el ambiente con un sonido cargado de reminiscencias típicamente africanas. Munidos de una poderosa percusión, un par de instrumentos armónicos y una fuerte sección de bronces, consiguieron un set contundente, de energía claramente bailable y estructuras repetitivas que por momentos invitaban al trance. Dentro del espectro percusivo del grupo, llamó la atención una especie de vibráfono que en uno de sus extremos se eleva y que por debajo de las baquetas tiene varias calabazas como cajas de resonancia. ¿Su nombre?: balafón.
     La atmósfera se tornó algo más funky con las armonías de la Orquesta Antropofónica, también compuesta por una docena de músicos, pero más proclives a subrayar las líneas de los instrumentos de viento (trompetas, trombón y saxos) con ese pulso bailable que sí conocemos de buena parte de la música afroestadounidense.
      Tras un intervalo que se extendió mucho más que el anterior, llegó el turno del último número musical: el ofrecido por Morbo y mambo, una banda de formación más rockera, en tanto dispone de una base de guitarra, bajo, batería y teclados, matizados por la percusión de congas y las programaciones electrónicas que fueron administrando desde una consola. Este último ingrediente fue usado para generar efectos similares a los de las bandas de sonido de películas de ciencia ficción. En algunos pasajes, el menú tímbrico de Morbo y mambo incluyó también trompeta y trombón.
      En todos los casos, fue posible respirar la fuerza y el vértigo de la polirritmia que caracteriza al afrobeat, un género nacido al calor creativo de Kuti a principios de la década de 1960, cuando buena parte del continente negro lograba sacarse de encima los yugos coloniales europeos. En los extensos temas que se pudieron escuchar el miércoles latieron influencias varias, esas que la academia atribuye al jazz, el highlife, el funk y la música yoruba. Por momentos hasta se sentía el “sonido de la jungla” que patentara Duke Ellington, con teclados y bronces reproduciendo los rugidos, bramidos y graznidos de los animales que pueblan la selva tropical en la zona del Golfo de Guinea. Curiosamente, todo a cargo de tres bandas argentinas.
      Lo escuchado fue casi todo meramente instrumental, lo cual impidió apreciar en su debida dimensión los mensajes de liberación que suelen incluir las composiciones de l afrobeat, reflejo de un dato sustancial: además de un músico prolífico que supo cautivar a masas, Fela Kuti fue un ferviente militante por los derechos humanos en toda África en general y en su país, Nigería, en particular. A tal punto que en los años ’60, cuando vivía en Estados Unidos fue deportado por las autoridades federales, tras comprobarse sus vínculos con la organización Black power y con el partido de las Panteras Negras, de los grupos más radicalizados en la reivindicación de los derechos civiles de los negros. 

Colorido en derredor

      Un rato antes de los conciertos y en los períodos entre una banda y otra en el patio del Abasto se escucharon grabaciones de música afrobeat programada por DJ Farah y 3J Mzungu Zen.
      Además, las actuaciones de las tres bandas fueron acompañadas en algunos temas por la danza afro de dos o tres bailarinas. Brazos que se movían hacia arriba y hacia abajo como remedando pájaros, rodillas que se elevaban justo cuando el torax bajaba y permanentes cambios de pie de apoyo se sucedían al ritmo veloz de la música, en movimientos frenéticos, casi siempre en el lugar. Cuando las bailarinas fueron dos, hubo pasajes de pregunta y respuesta entre los cuerpos.
      El festival también incluyó una exposición de fotos de Ana Cea sobre las paredes que dan a las salas de la planta baja del predio. En blanco y negro, podían verse allí los gestos, la ropa y hasta las energías de artistas africanos (o de origen afro) actuando en la Argentina en diferentes ocasiones durante los últimos años.
      Allí cerca, sobre un lateral del patio, dos casas de música especializadas en instrumentos africanos exponían balafones, yembés y tambores batás, dundunes y tamas. Fue una buena oportunidad para acercarse a los secretos de sus sonidos, gracias a los datos que compartieron los responsables de la muestra con aquellos que se animaron a preguntar.
      A priori, una parte sustancial de la intriga que despertaba este encuentro se focalizaba en el público. Habida cuenta de que el afrobeat no registra una tradición conocida en la Argentina, ¿quiénes podían responder a esta convocatoria? Lejos de la imagen de una buena porción de inmigrantes africanos, o al menos de afroargentinos que en principio podía considerarse factible, el patio de Ciudad Cultural Konex estuvo poblado durante las tres horas de festival casi exclusivamente por el tipo de joven de clase media que suele responder a las convocatorias de la institución. Paradójicamente, los habitantes afro estaban visibles recién al salir, asomados a las añosas casas que ocupan del otro lado de la calle Sarmiento. Esta vez recibiendo un audio que no les resultaba tan extraño.
      La intención de sus impulsores es que el FELA tenga nuevas ediciones, como parte de una red de actividades que se está tejiendo entre cultores del género en Brasil, Chile y Venezuela. Sin embargo, al cierre de esta nota, todavía no se había confirmado ninguna fecha o lugar en concreto. Quienes deseen estar al tanto de las novedades que puedan surgir al respecto pueden consultar periódicamente el sitio del evento, www.felakuti.com.ar.

Carlos Bevilacqua

En la imagen: parte de los Tam tam afrobeat en acción. Foto tomada del MySpace del grupo.

Publicado el 26-3-2012.

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