Explicación de la magia


      ¿Quién no se ha preguntado alguna vez cómo funcionan un violín, una guitarra o un saxo? Esos sonidos que a diario nos cautivan desde la música parecen provenir más de un oscuro sortilegio que de un mecanismo evidente. El libro La física de los instrumentos musicales, de Javier Luzuriaga y Raúl Pérez, viene a aclarar cómo es que cuerdas, maderas y metales pueden sonar tal como suenan en los instrumentos que conocemos, siempre que se cumplan determinadas circunstancias.
      Publicado por la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA) como parte de su colección Ciencia Joven en 2006, el volumen de 99 páginas explica en principio en qué consisten la altura, el volumen y el timbre de un sonido para luego revelar cómo las diferentes vibraciones se potencian en determinados espacios de resonancia.
      Tras una breve pero exhaustiva caracterización de los instrumentos de percusión, los autores dedican dos capítulos a los materiales, la factura y las peculiaridades de la guitarra, el violín y el laúd, tal vez los instrumentos que mejor conocen.
      A tono con los tiempos que corren, el libro incluye 11 páginas sobre la generación electrónica de sonidos, así como una comparación entre los registros digitales y los analógicos. En otras 10 páginas el texto recomienda una serie de ejercicios para la construcción de instrumentos musicales elementales con materiales relativamente baratos. Aun sin concretarlos, la sola lectura y consideración de las observaciones permiten entender mejor algunos de los conceptos vertidos en capítulos previos.
      Sobre el final, se desarrolla la problemática de la escala justa o científica, hoy masivamente reemplazada en la práctica por la escala "bien temperada", que equipara las distancias en hertz entre las frecuencias de cada nota musical.
      Como conviene a un libro destinado a adolescentes, el lenguaje de "La física de los instrumentos musicales" es claro y ameno, sin resignar por eso profundidad, lo cual lo hace apto para todo público medianamente interesado en la cuestión musical. Sólo una parte minoritaria del texto está dominada por tecnicismos crípticos.
      Por lo demás, la edición es uno de esos ejemplos de austera elegancia que suelen abundar entre los libros de divulgación, con valiosos aportes de cuadros estadísticos y dibujos explicativos.
      Pérez es luthier. Se dedica a la construcción de instrumentos para música antigua y moderna, para los cuales está probando la calidad de maderas sudamericanas en funciones hasta hoy monopolizadas por maderas clásicas del hemisferio norte. Paralelamente, se ha interesado en cuestiones relacionadas con la física acústica de los instrumentos musicales y durante muchos años trabajó como docente de música. Luzuriaga, en cambio, es doctor en física egresado del Instituto Balseiro en 1979. Su especialidad es el comportamiento extraordinario de determinados materiales a muy bajas temperaturas. Estudió y enseñó física en prestigiosas universidades extranjeras. Como hobby, canta en el coro Em Pinar de San Carlos de Bariloche, donde reside, igual que Pérez.
      El trabajo de ambos en el libro reseñado es loable. Lo que podría reprocharse es que derriben así, de un plumazo, el misterio de la generación del sonido que compone la música. Pero a no desesperar: la música, como fenómeno creativo y emocional, sigue escapando a toda racionalización. O al menos eso deseamos.

Carlos Bevilacqua

Imagen: portada del libro reseñado.

Publicado el 31-12-2009.

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