Pienso, luego danzo


Un espectáculo de danza protagonizado por su creadora y directora, por una bailarina, por un transeúnte ocasional de profesión disc jockey y amante del break dance, por un camarógrafo y editor, y por algunos espectadores que se animaron a preguntar.

      Viernes a la noche en la Casa de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Imposible empezar esta reseña sin manifestar la inmensa alegría que siente quien escribe, cuando no sólo los espacios públicos son abordados por cada uno de nosotros (individuos que los cruzamos a diario pero difícilmente nos apropiamos de ellos), sino que además estos espacios guardan una profunda relación con la memoria histórica y cultural de la ciudad.
      El ciclo Miradas, que propone una interesante diversidad de intervenciones de danza y videoarte en la Casa de la Cultura, es el marco en el cual sobresale la performance de Laura Kalauz, Disculpe (usted) podría coreografiarme. Su performer/bailarina, Florencia Vecino, nos espera en el segundo subsuelo del edificio; de fondo, una pantalla; a un costado, un micrófono. Florencia verbaliza a la vez que ejecuta diferentes pasos y movimientos. Da cuenta de manera híper-explícita de su quehacer artístico. Ella ejecuta y se interroga sobre la propia performance. Justifica y da motivos, (se) cuestiona, enuncia desde la palabra aquello que el cuerpo ejecuta. Corte.
      La performer/bailarina toma un lugar junto al público y vemos en pantalla cómo ella, en la vía pública y frente a una cámara, pide a diferentes transeúntes ocasionales que le indiquen la coreografía que desean ver. Muchos se animan, dando cuerpo a esta especie de reality al que nos ha invitado el programa de mano. Allí se lee: “Podría decir en Wikipedia: Reality Dance, danza o acto coreográfico que sucede en relación explícita con un ambiente dado o situación social. Tiene como condición de existencia, un reconocimiento concreto del poder de artificialización del teatro y sus convenciones”. Diferentes situaciones se suceden. Corte.
      Dos banquetas, un micrófono, y un diálogo entre la directora/coreógrafa/autora y la performer/bailarina. Nuevamente se interrogan sobre el acto de creación, sobre la elección de una por la otra, sobre el resultado de la experiencia vivida en la calle. Corte.
      Uno de los transeúntes ocasionales es invitado al espacio escénico, nos sorprendemos, emerge desde el público y no sólo relata brevemente la experiencia vivida, sino que se muestra abierto a las preguntas de los asistentes. Quien escribe no pudo evitar levantar la mano. Descubrimos así y vemos en acción a un tímido pero entusiasta bailarín de break dance. ¿Fin? Ahora sí, fin.
      El acto creativo desborda y absorbe al espectador para hacerlo partícipe de los cuestionamientos desde y al hecho artístico que está presenciando.
      ¿Un espectáculo? ¿Una performance? Un acto de creación que se va articulando al mismo tiempo que acontece. Una performance que ofrece dos caras: es percibida como las piezas de un rompecabezas que desperdigadas en escena vuelven a unirse, a la vez que hacen ostensible su naturaleza autónoma. Si bien hay momentos previamente estructurados, como ser el video y el intercambio entre la creadora y la bailarina, la fuerza de la obra de Laura Kalauz se apoya sobre dos pilares: por un lado, la articulación del acto performativo in situ, en el aquí y ahora de la representación, remarcando la movilidad de espacios tan cerrados e indiscutibles como son el lugar del autor (coreógrafo en este caso), el director, el bailarín y el público. Y aquí cabe preguntarse: ¿Quién es el real autor de una obra cuando el público termina formando parte de la misma? ¿A quién considerar artista, a todo aquel que acepta formar parte, sea la bailarina o cualquier ignoto transeúnte? ¿Y qué hay de aquellos que no decidimos a priori participar y somos arrastrados por la propuesta? Por otro lado, el carácter abierto de la obra, en permanente construcción, nutriéndose tanto de sus creadores como del espacio extra-escénico y de quienes lo ocupan.
      Lo que presenciamos pareciera ser el dar vida a algo más complejo y abarcador que aquello que sucede sobre el lugar elegido como espacio escénico. Un hecho artístico que se desborda y nos empapa en lo que constituye un posible camino, no hacia encontrar respuestas sobre el hecho artístico, sino a la generación de más y mayores preguntas sobre el mismo.

Larisa Rivarola

Ficha técnica:
Disculpe (usted) podría coreografiarme. Idea y dirección: Laura Kalauz. Realización: Laura Kalauz en colaboración con Florencia Vecino y Siro Bercetche. Intérpretes: Florencia Vecino y Laura Kalauz. Cámara y edición: Siro Bercetche. Asistencia técnica: Miguel Solowej. Producción: Prodanza y Nada Especial Tanz.

Nota: La obra se presentó los días 9, 10 y 11 de abril de 2010 y el artículo fue escrito el 1º de mayo de 2010. Melografías decidió publicarlo por el carácter original de la puesta, proclive a la reflexión sobre el hecho artístico en general.

Larisa Rivarola es actriz (ETBA) y Licenciada en Artes (UBA). Actualmente colabora en la revista "Teatro XXI" como redactora de crítica y se desempeña como investigadora en el Grupo de Estudios de Teatro Argentino e Iberoamericano (GETEA), dirigido por Osvaldo Pelletieri.

En la imagen: Florencia Vecino en acción, bajo las órdenes de un exigente transeúnte devenido coreógrafo. Foto de Siro Bercetche.

Publicado el 29-5-2010.

LA DEL ESTRIBO

"El punto de mayor modernidad que alcanzó el folclore es de 1968, cuando Los Andariegos grabaron su versión de La oncena". (Santiago Giordano)