Bailar tango

 
      El cuerpo habla. Sin palabras dice quiénes somos, si estamos flexibles o rígidos, si andamos con la sensibilidad en la piel. También nos informa si nos gusta la gente, si nos cuidamos y cuidamos a otros, si disfrutamos nuestra vida. Da muchas más impresiones de las que podemos descifrar.      
      Imaginemos, por un momento, que a dos seres humanos los fecunda un abrazo. Entonces suele ocurrir lo que acostumbro llamar un “milagro poético”: lo que atraviesa a las personas, las conmueve y las integra. Pero además, ese abrazo es bailado con música de tango, y entonces la escena logra hipnotizar a cualquiera, sin importar su cultura, edad, color de piel, entre otras variables.
      Fue la necesidad de algunos seres la que hizo que se creara un lenguaje “no verbal” universal. Un modo de improvisación y juego, una manera de expresar la emoción de la música parida desde un abrazo. Podremos concluir, luego, que cuando bailamos somos portadores de un tipo de conocimiento. Y es interesante re-transmitir este valor, como una opción que mejore la vida de las personas y sus vínculos.
      “Conócete a ti mismo” es una premisa filosófica que nos orienta en una búsqueda acerca de quién es el hombre, de su sentido. Porque cuando descubrimos algo, siempre hay algo más.
      El hombre se conoce cuando va al fondo de sí mismo y bailar tango es un recurso, si queremos ir en esta dirección. Una primera relación es con nosotros mismos, al observar cómo interactúan mente y cuerpo, cómo logramos estar en equilibrio (y que esto no dependa de las circunstancias), cómo coordinamos y afinamos nuestros movimientos con el otro, con la música, con el espacio. Auto-conocernos implica tener distintas posibilidades, potenciar nuestro camino y ampliar nuestra visión acerca del mundo.
      En una segunda instancia (que es contemporánea con la primera), vamos conociendo a los otros. Aquí se plantea un vínculo de índole corporal-sensitiva, donde fluye el baile compartido. Y cuando bailamos, somos. Si bailamos tango, como danza de abrazo improvisada, como signo comunicacional en el aquí y ahora, el ser de cada uno libera una identidad hecha de a dos.
      Esa identidad se suma al circuito del río de la música, que es en cierto modo un impulsor, un detonante de universos internos. Registros que se plasman en la vereda de un saber nacido de lo popular y que se expanden en distintas y sutiles direcciones.
      Al bailar conocemos y nos conocemos. El intercambio expresivo enriquece y explora el placer de movernos juntos. El tango es una vía para aprender, profundizar y sensibilizarnos. Y para viajar abrazados en el tiempo y el espacio.

Paula Ferrío

Nota: La autora es bailarina y profesora de danzas. Tiene formación en danza, tango, teatro, música, percusión, filosofía y magisterio. Fue miembro y co-fundadora del grupo Tango Protesta (2001-2007). Bailó en prestigiosos escenarios de la Argentina, Europa y los Estados Unidos como parte de diferentes espectáculos y performances. Como docente ofreció talleres y seminarios en varios países y trabajó en diversos sitios de la ciudad de Buenos Aires y alrededores, como la milonga Porteño y Bailarín y los talleres barriales de la Municipalidad de Quilmes. Además entre 2004 y 2008 organizó espacios de encuentro en torno al tango danza, el teatro y la música en vivo como La Divina, La Milonga del Conventillo y Práctica Onírica. Actualmente –y desde hace 19 años– enseña a bailar tango a niños y adultos. Desde abril, dará también clases en Centro Cultural Ricardo Rojas.
Quienes deseen contactarse con ella pueden escribirle a tangopaula@hotmail.com


Publicado el 9-3-2010.

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