Un "pseudo chamamé"


El cantautor chaqueño Seba Ibarra viene forjando un sonido muy particular que conjuga elementos del folclore del Litoral con múltiples influencias. Anoche dejó una generosa muestra de ese rumbo, al frente de su banda, en el Centro Cultural de la Cooperación. La siguiente crónica es una buena manera de conocer o volver a respirar su frescura.

      La canción litoraleña asume seductoras formas en la voz de Sebastián Ibarra, un chaqueño de 35 años que desde 2007 lidera su propia agrupación de lo que él mismo define como “pseudo chamamé”. “Venía de algunas experiencias en bandas de rock cuando, llevado a componer, empecé a sentir la necesidad de expresar lo que traía de mi niñez y lo que caracteriza a mi lugar. Por eso empecé a mezclar lo que hacía con la música tradicional de mi región”, declaró al programa “Prestame la oreja”, de Canal 21, minutos antes del recital que dio anoche al frente de su banda en el Centro Cultural de la Cooperación. Según él, quien no conozca personalmente la zona ribereña del Chaco, puede llegar a formarse una buena idea de su idiosincrasia a través de sus canciones.
      Razón no le falta: en el generoso show de anoche abundaron imágenes sobre las calles de Resistencia, el calor, la siesta, las muchachas del pago y el río como una metáfora recurrente. En lo estrictamente musical, las canciones de Ibarra navegan con fluidez por ritmos diversos, pero plagados de colores locales. Entre estos, se destaca el timbre del acordeón, tocado por Sebastián Bistolfi, paradójicamente el único no chaqueño del grupo.

Como un camalote

      Como ejemplos, bastan y sobran los temas mostrados anoche en la sala Osvaldo Pugliese ante un público mayoritariamente joven. El agua fue protagonista explícita desde el principio, tanto en la historia de una gota que baja escaleras internas soñando con el sol para poder evaporarse (Gota madre) como en una cadena de historias breves sobre un ser fabuloso que emerge de una laguna (Palimay, además título del segundo CD de Seba, editado el año pasado). En estrecha relación con esas letras, el bajo de Mauro Siri y las guitarras de Guido Romero Scherf y del propio Ibarra van generando un ritmo regular, como de goteo constante, a través de un particular punteo de las cuerdas.
      Siri parece ser una pieza clave en el andamiaje grupal, no sólo por las armonías que mantiene como bajista, sino también por los coros que hace en muchas de las canciones y por cierta complicidad que lo une a Sebastián, según se percibió en varios pasajes.
      El aire se cargaría pronto de romanticismo, otro de los fuertes de Ibarra. Porque así como el paso incesante del Paraná sirve para describir el terruño natal, también es usado para imágenes más íntimas. Es entonces cuando aparecen las conexiones entre las palabras al mejor estilo Jorge Drexler. O cuando Seba demuestra con qué buen gusto musicalizó Lali, una audaz poesía de su comprovinciano Tony Zalazar. O cuando las imágenes nocturnas del gigantesco puente que une Resistencia con Corrientes lo dejan en soledad con Cecilia Zabala, autora de la letra de esa canción e invitada en el show.
      El pavimento volvió a ser el eje de los versos en el siguiente tramo del recital, cuando Ibarra sorprendió con un relato ligeramente surrealista sobre un viaje en transporte público por el área metropolitana de Resistencia. La canción, que viene llevando la tensión propia de un colectivo que va demasiado rápido, tiene momentos en los que canto y música se tornan totalmente excéntricos. Otra temática que apareció cerca del final fue la del sueño y los sueños, antes y después de la intervención del pianista Darío Jalfin (el otro invitado de la noche), primero como solista en una hermosa canción de su autoría y luego sumado a la banda para los restantes temas.

¿Y qué tal si salimos todos a bailar?

      Para despedirse, Ibarra aceleró el ritmo con canciones más festivas: la chamamecera Machagai (con sapukays y preludio de silbidos incluidos), el ritmo cambiante de la encantadora Vuelta al Paraguay y una especie de cumbia referida a un tereré que va despertando el interés de todos los que pasan cerca, apenas preparado. Sin embargo, el bis fue más bien sosegado, porque eligió una canción de tono místico con el acompañamiento de Zabala, primero en caja y luego en guitarra.
      Aunque con la voz disminuida por estar “saliendo” de un fuerte resfrío, Seba Ibarra se las arregló para dar un buen panorama de sus capacidades en un show de casi 90 minutos ininterrumpidos.
      La formación estable de su grupo se completa con el baterista Esteban Peón, quien participa en la mayoría de los temas y que anoche supo llevar la base rítmica con notable versatilidad.
      El recital de anoche formó parte del ciclo “Chaco en Buenos Aires”, que desde 2 y el hasta el 19 de agosto trae al Centro Cultural de la Cooperación diferentes expresiones artísticas de la provincia norteña. En el marco del ciclo, el 18 de agosto actuará allí el guitarrista Marcelo Dellamea, quien por su corta edad y enormes condiciones se perfila como una de las grandes promesas de la música popular argentina. La entrada tiene un costo de $30. La programación completa de “Chaco en Buenos Aires” puede consultarse en http://www.centrocultural.coop/blogs/emergencia/

Carlos Bevilacqua

En la imagen: Seba Ibarra con su guitarra, una yunta tan feliz que hasta rima. Tomada de www.lebarbuenosaires.blogspot.com.

Publicado el 5-8-2010.

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