Pasión por lo nuestro


Una vez por mes, centenares de jóvenes dan color y calor a la Estación de los Deseos, un enorme galpón ferroviario transformado en centro cultural en el barrio porteño de Caballito. Es así como cobra vida La Resentida, una peña con sus propias señas de identidad: mucha música en vivo, deliciosas comidas caseras y la sensación de transgresión que genera adentrarse en una oscura playa de cargas del Ferrocarril Sarmiento. 

      La pasión desborda la pista de La Resentida. Como la superficie específicamente destinada al baile está casi siempre llena de parejas, muchos bailan en el pasillo que conduce a la salida o en los que se forman entre algunas mesas. Después de la medianoche no abunda el espacio para circular ni para sentarse. Pero nadie parece fastidiado por la situación. Por el contrario, reina un clima relajado, como de celebración de la cultura nativa, tanto entre los muchos que bailan (siempre más de la mitad de los concurrentes) como entre quienes permanecen sentados a sus mesas, más enfocados en la charla o en disfrutar sólo a través del oído.
      No sólo chacareras y zambas suenan en el cargado aire del lugar. También se escuchan takiraris, bailecitos norteños, gatos, sayas, escondidos y tinkus, formas musicales que la gente se encarga de plasmar en vistosas coreografías, todas muy pautadas en cuanto a tiempos y secuencias. Es en el estilo de cada bailarín, en la interpretación conciente o inconciente que cada uno hace de los movimientos, donde se puede encontrar el sabor particular de cada pareja.
      La mayor parte de la música es generada en vivo ahí mismo, desde un escenario ubicado sobre una pared del galpón. La noche de ayer deleitaron a la multitud el grupo El Tierral, primero solo y más tarde acompañado por La Casimiro Brass, una banda de bronces que le otorgó un sonido ligeramente exótico a los ritmos folclóricos; más tarde, el violinista Jorge Gordillo al frente de su grupo; en tanto para el resto de la madrugada estaban programadas las actuaciones de La Máquina de hacer chacareras, La Toldería, Laura Maglione, Gastón Mansilla y “Tama” Quinteros en una sucesión que normalmente se extiende hasta las 5 de la madrugada. El perfil musical de las agrupaciones convocadas es deliberadamente bailable.

Los mil dibujos del baile popular

      En La Resentida no sólo se baila en parejas. Como en las discotecas, hay grupos de chicas que bailan entre sí formando pequeños círculos y otros grupos compuestos por amigos de ambos sexos compartiendo una misma unidad de interacción. Entre el público se ven representantes de todas las edades comprendidas entre los 15 y los 75 años, pero con cierto predominio de los sub-30. Del carrusel de imágenes que ofrece la pista, resultan particularmente emotivas las rondas que se abren y cierran durante la interpretación popular del carnavalito, acaso por la sensación de comunión que transmiten.
      Cada tanto la masa bailarina se dispersa y deja la pista libre para las exhibiciones coreográficas de profesionales. Anoche, por caso, entregó logrados cuadros el jujeño Gustavo “Caporal” Romero, quien solo o en pareja recreó la magia de las danzas típicas del noroeste, ya sea en formas reconocibles como en otras más histriónicas. Como parte de los números artísticos de la noche, el bailarín Adrián Bernal también hechizó con un show de zapateo y boleadoras sobre una tabla de madera dispuesta sobre el piso como para conseguir las resonancias que la superficie del lugar de por sí no otorga.

Un espacio muy particular

      El lugar físico en que se desarrolla la peña es La Estación de los Deseos, nombre que asumió uno de los galpones de la playa de cargas que rodea a la estación Caballito tras su cesión a una cooperativa de artistas en 2002. Para llegar a él hay que ingresar a un predio fiscal atravesando un antiquísimo arco de ladrillos y seguir caminando otros 100 metros, con fe en el dato recibido, por lo general en forma oral, ya que no hay un cartel visible que indique el camino. El interior del galpón es amplio y cálido, en parte gracias a unas luces amarillas que iluminan oportunamente algunos sectores del ambiente. La calidad del sonido es relativamente buena, sobre todo teniendo en cuenta la difícil acústica que imponen los techos altos del ambiente. Sin embargo, el piso donde se baila adolece de dos defectos importantes: es de cemento sin alisar (por lo cual resulta muy trabado para moverse con fluidez) y sobre uno de los vértices tiene un par de pozos peligrosos. Asimismo, los baños de hombres tenían un par de posiciones inhabilitadas la noche de nuestra visita.
      La construcción, que data de la década de 1870 (el entonces Ferrocarril Oeste fue el primero en inaugurarse), refulge en simbolismos, no sólo por la historia que guarda entre sus paredes sino por la recuperación como espacio de creación artística y encuentro social que le dio la cooperativa que lo administra tras la privatización del tren y la crisis del 2001. En un subsuelo a medio refaccionar funcionan un taller de escenografía, un atelier de artistas plásticos, dos salas de ensayo para música y un estudio de grabación. Una visita guiada por el coordinador del espacio permite conocer esas insospechadas usinas artísticas un rato antes del comienzo del baile.

Delicias caseras

      Por otro lado, una de las aristas seductoras de esta peña es el buffet contiguo que tienta con exquisitas empanadas de carne cortada a cuchillo, mega-sandwiches de sabores criollos con variados ingredientes y repostería casera, todo a precios relativamente bajos. Por separado, a un lado, se venden las bebidas de forma ágil, sin las esperas que suelen caracterizar a esas circunstancias.
      Las reuniones bailables de La Resentida se arman los últimos viernes de cada mes en Bacacay al 1600, a una cuadra de Donato Álvarez. Sus organizadores son Gabriel Redín y Sergio "Pelo" Suárez, miembros además de la citada agrupación El Tierral. La entrada cuesta $20, importe que da derecho a tomar una clase de baile con “El Caporal”, justo antes del arranque de la peña. Con él se pueden aprender los rudimentos básicos de media docena de bailes folclóricos en apenas una hora, aunque con las limitaciones propias de toda instrucción masiva. Un rato antes, a manera de bienvenida para quienes van llenando el galpón, se proyectan videos como el que anoche mostró a una todavía flaca Mercedes Sosa interpretando algunos de sus clásicos en un estudio de televisión. Fue una de las mejores maneras posibles de calentar el ambiente, ese que, apenas unos minutos después, arde como un hipnótico fogón bailable.

Carlos Bevilacqua

Foto tomada del Facebook de la peña.

Publicado el 28-3-2010.

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