Emotivo documental sobre el Bar del Chino

 
El documental de Germán Kral, que se estrenará mañana en Buenos Aires, logra captar con sensibilidad el espíritu de tres cantores aficionados en un mítico bar de Pompeya, durante años uno de los reductos menos maquillados del tango.

      Hasta la muerte de su mentor (Jorge García) en 2001, el Bar El Chino fue una especie de bastión del pasado en el presente. En un abigarrado ambiente a la calle de una casa más de Pompeya, entre paredes descascaradas, los clientes recibían generosas porciones de platos típicos regados por vino tinto a precios populares. Hasta ahí, un bodegón porteño más. Pero el Bar del Chino se distinguía por la posibilidad de disfrutar, por el mismo precio, de los tangos que a la hora de la sobremesa interpretaban unos cantores tan fabulosos como desconocidos, empezando por el propio García.
      Ese talento ignorado es el que rescata y jerarquiza El último aplauso, la película de Germán Kral que se estrenará mañana en media docena de cines del área metropolitana. En concreto, la cámara retrata con sensibilidad el mundo, los sueños y, sobre todo, el arte de Cristina de los Ángeles, Inés "La Calandria" Arce, Julio César Fernán, Wálter Barberis y Horacio Acosta, los virtuosos cantores ya maduros del lugar y de Abel Frías, el guitarrista que los acompañaba a cada uno por vez con notable oficio.
      La película se empezó a filmar hace diez años. En el camino recorrido desde entonces, el guión se fue reformulando al compás de los acontecimientos que vivían sus protagonistas: la muerte del Chino en 2001, el cierre transitorio del boliche, su reapertura, un nuevo cierre por luto y, por último, un encuentro providencial (pero evidentemente inducido) con los jóvenes músicos de la Orquesta Típica La Imperial, justo cuando la historia parecía caer en un final demasiado tanguero. Más allá de este "retoque" de la realidad y de algunas escenas poco espontáneas, el documental logra reflejar con fidelidad el espíritu de los protagonistas. Lo hace acompañándolos en ciertos quehaceres cotidianos y llevándolos a mostrar la intimidad de sus dormitorios, allí donde la emotividad alcanza sus niveles más altos. Así, termina pintando sus personalidades idealistas, sentimentales y sufridas, casi siempre a través de tomas originales y bellas.
      Sin menospreciar el carácter documental que puede tener el film para quienes no hayan estado nunca en el Bar del Chino, es en los tramos musicales donde residen los valores más destacables de El último aplauso. Cada vez que Cristina, Inés o Julio entonan afinados y expresivos algún verso clásico del tango con las cuerdas de Abel en cálido acompañamiento, el alma del espectador vuela hacia gratos parajes. Otro tanto, aunque con un sonido más "lleno", ocurre cuando los músicos de la Imperial empiezan a ensayar con los veteranos cantores.
      Radicado en Alemania, Kral es un joven realizador argentino que para la materialización de esta película se asoció con Happinet Corporatión en una coproducción argentino-alemana que recibió también el apoyo del INCAA, entre otras instituciones de acá y de allá. Antes de la proyección, en una emotiva avant-premiere ofrecida anteanoche en el cine Multiplex Belgrano, Kral dijo: "Esta película es un milagro gracias a toda la gente que nos ayudó, que fue mucha. Entre los numerosos agradecimientos que corresponde hacer, quiero mencionar el aporte del embajador argentino en Alemania, quien apenas conoció mi proyecto me dijo 'Con esta película vamos a perder plata, pero es el tipo de película que hay que hacer igual'. Espero que se haya equivocado, al menos en lo primero". Para lograrlo, invitó a todos a un activo boca en boca que ayude a mantener la película en cartel luego de la primera semana de exhibición.
      En los próximos días, la música original de El último aplauso será editada en CD por el sello Acqua Records.

Carlos Bevilacqua

Foto: Inés Arce junto a la Orquesta Típica Imperial. Gentileza de Agostina Zaros (Agencia Lola Silberman)

Publicado el 2-12-2009.

LA DEL ESTRIBO

"El punto de mayor modernidad que alcanzó el folclore es de 1968, cuando Los Andariegos grabaron su versión de La oncena". (Santiago Giordano)