Una apelación a la conciencia


El chamamé cobra una dimensión filosófica en la palabra hecha canto de Los de Imaguaré. Respaldados por 36 años de trayectoria, los dirigidos por Julio Cáceres desataron anteanoche una fiesta litoraleña en el ND Teatro, donde presentaron su espectáculo Vengo a decir.

      Hay algo muy subjetivo. El chamamé emociona o no emociona. Si estamos ante el primer caso, es probable que Los de Imaguaré potencien esa emoción con los mensajes profundos de sus letras, muchas escritas por los propios integrantes del conjunto y por Julián Zini, sacerdote católico de una sensibilidad social plasmada en luminosos versos.
      Hay algo que se cifra en el nombre. "Ymaguaré" es una palabra del guaraní que significa "antiguo" y sirve para describir el estilo tradicionalista del grupo creado en 1977 por el cantor Julio Cáceres junto a otros artistas correntinos. Acordeón, guitarras, bajo (eléctrico) y voces se enhebran en un sonido familiar al oído del litoraleño medio.
      Y hay también algo de la ceremonia musical en vivo que suma mucho encanto. Un plus al que coadyuvan el carisma personal de Cáceres y el fervor del público –casi siempre dominado por correntinos– que sabe armar una fiesta desde el primer sapukay.
      Los tres factores influyeron en el clima de comunión que caracterizó al recital brindado anteanoche por Los de Imaguaré en el ND Teatro, luego de mucho tiempo de no presentarse en Buenos Aires. El calendario también sumaba sentidos, queriendo que el recuentro con el público porteño se diera justo  entre el Día Nacional del Chamamé y el Día de la Primavera. El propio Cáceres se encargó de señalarlo en un pasaje, cuando aludió a la proyección del grupo desde las raíces de la cultura popular hacia las nuevas generaciones, que tienen en el 21 de septiembre una fecha muy simbólica. Sin ir más lejos, a su lado tenía a uno de sus jóvenes hijos (Nicolás), quien lo acompañó sumando su voz en varios tramos de show. Y sobre el final, Federico (otro de sus retoños) dejó los controles (desde los que colaboraba en la producción) para demostrar toda su personalidad como recitador.
      Federico tiene a quien salir. Quien vea un espectáculo de Los de Imaguaré por primera vez se sorprenderá por el peso que tienen los recitados. Cáceres papá recita tanto o más de lo que canta. Los versos, todos de rigurosas rimas, suenan como sabias sentencias que sólo pierden algo de atención cuando demoran mucho el comienzo de la canción o cuando Julio acelera el ritmo de declamación. Pero su estilo es casi irreprochable, constituyendo un atractivo central de espectáculos como el ofrecieron anteayer en el centro porteño, no casualmente titulado Vengo a decir, como el último disco de la agrupación. Cada tema musical tiene su glosa. En algunos casos el público la reconoce y estalla en una ovación apenas Cáceres aborda las primeras palabras. Así ocurre con el prólogo de Compadre qué tiene el vino, esa oda a la desinhibición del hombre común escrita por Zini que determina un tramo particularmente emotivo. No será el único. El público, que cubre un 70 por ciento del auditorio, se levanta también con Puerto Tirol (Heraclio Pérez-Marcos Ramírez), Posadeña linda (Ramón Ayala) y el instrumental La Calandria (Isaco Abitbol), entre otros.
      Lo que Cáceres y los suyos vienen a decir se estructura en siete ejes temáticos explícitos en el programa de mano: la historia argentina, la identidad chamamecera, el amor de pareja, la diáspora de tantos correntinos, la familia como célula social, la fe religiosa y la pertenencia al pago, o "patria chica", como lo define Julio. En una especie de declaración de principios, una virgen de Itatí y una bandera argentina se mantienen iluminadas, sobre un extremo del escenario, durante todo el espectáculo. Dos imágenes que pueden verse ya al entrar al teatro, aun antes de que la música empiece a llenar el aire de mensajes. Anuncian los tópicos que definen la poética imaguaré, que incluye además una fuerte apelación a la memoria histórica de los argentinos, al sentido colectivo de nuestras acciones y a la integración latinoamericana. Entre los versos que Cáceres entona, a veces asociado a su hijo, aparecen tanto los sentimientos de un padre ante su hija a medida que pasa el tiempo o el avío (ese término común en el NEA, alusivo al bagaje de valores que todos llevamos dentro) como la épica guerrera correntina (desde la evocación de José de San Martín o el sargento Cabral, hasta la cuestionada Guerra de la Triple Alianza, las luchas intestinas de la provincia o la Guerra de Malvinas). En otros pasajes Los de Imaguaré recomiendan al pueblo "una ardiente paciencia" para andar "el camino de la esperanza". Las palabras emocionan y dicen. No son gratuitas ni casuales. "Soy porque somos", canta Cáceres en un pasaje; "nadie es más que nadie", en otro, citando a José Gervasio de Artigas.
      Sin intervalo alguno, el arte de Los de Imaguaré se prolonga por más de dos horas en una generosa muestra de talento. Julio Cáceres es la estrella, pero detrás tiene un gran equipo que habilita su lucimiento: Fabio Acevedo (histórica primera guitarra), Fernando Soto (segunda guitarra), Mauro Buonamino (acordeón), Javier Lescano (bajo), Nicolás Cáceres (voces) y Federico Cáceres (recitados). Todos eficaces artífices de un mecanismo musical que tiene la virtud de emocionar como pocos. 

Carlos Bevilacqua

En la imagen, Los de Imaguaré durante el recital de anteayer. Foto de Eduardo Fisicaro.

Publicado el 22-9-2013.

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