Para la libertad


Con recursos del circo, la danza y el teatro, la compañía La Arena logró desarrollar un lenguaje propio, de acabada factura técnica. Por estos días festeja sus 15 años con la reposición de Sanos y salvos, uno de los espectáculos con los que más repercusión tuvo desde su estreno, en 2006.

      La compañía de circo La Arena, creada y dirigida por Gerardo Hochman (quien además tiene la misma responsabilidad sobre la homónima escuela de circo), posee actualmente diversos espectáculos en cartel que realizan breves ciclos de funciones en la ciudad de Buenos Aires, o bien en diversos festivales nacionales e internacionales. El caso que nos ocupa, Sanos y salvos, estrenado en 2006 en la Ciudad Cultural Konex, cierra este fin de semana en ese mismo espacio su ciclo de festejo por los 15 años de la compañía. La actividad de Hochman no sólo es prolífica en cuanto al montaje de espectáculos, desde 2010 dirige el Área de Artes Circenses que otorga la Diplomatura del mismo nombre de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), espacio institucional cuya novedad es que apuesta no sólo a que sus alumnos se formen técnicamente sino también a que desarrollen herramientas conceptuales; esto implica que desde la universidad se proyecta un artista capaz de conceptualizar teóricamente el propio trabajo y entender su sustento ideológico. Entendido así el circo, se revaloriza la faceta social y política que caracterizó sus inicios, en los que respondía no sólo a una expresión de destreza, sino también a una forma de entender y vivir el mundo. En relación con esto último es que saludamos la intención de legitimar desde la academia a una disciplina que, si bien dio origen a nuestro teatro nacional, merece ocupar un lugar autónomo de valoración.
      El programa de Sanos y salvos reza, entre otras, las siguientes afirmaciones: “A salvo de la idiotez terminal, sanos de vergüenza y de temor, arriesgados sanos de desidia”. Cuando el espectáculo comienza, cada una de esas palabras se hacen carne; el espectador constata que el cuerpo nos salva. Porque en Sanos y salvos aparece esa pérdida de toda racionalidad que se produce cuando uno se eleva en la tela, el trapecio, el palo chino o cualquiera de los elementos que el artista haya elegido para iniciar ese camino físico de entrega que envuelve a cada una de las disciplinas cirqueras. En diferentes postales articuladas por un personaje con un gran trabajo de clown (en cuanto al manejo de la técnica que lo hace deberse a su público, haciendo todo y más para alcanzar su mirada y aplauso), el espectáculo transcurre a través del desempeño y entrega de doce artistas cuyos movimientos son musicalizados en vivo por un grupo de dúctiles músicos dirigidos por Omar Giammarco, también responsable de la composición. Vale aquí resaltar la interacción que se da entre los músicos y los acróbatas pues, al estilo de las mejores compañías de circo, ambos rubros se integran a través del ingreso de los artistas de uno en el espacio del otro, de manera concreta o bien a través de la mirada. Así, vemos a algunos acróbatas ejecutando pequeños instrumentos o a un músico interactuando con ellos. Además de estos vínculos, la atención constante de los músicos hacia los números desarrollados y el acompañamiento de éstos desde la gestualidad, completa de manera armoniosa la idea de unidad que denota la puesta en escena.
      Desde la acrobacia de piso, el palo chino, pasando por un bello dúo de aro hasta el número de danza colectivo, Mariano Carneiro, Javier Davis, Florencia Valeri, Pablo Morizio, Virginia Molina, Pablo "Kun" Castro, Rodrigo Oses, Camille Bastos, Gabriela Parigi, Clara Parada, Cecilia "Mane" Stancato y Florencia Michalewicz se desempeñan con gran precisión y talento, sobresaliendo por la gestualidad y expresividad superlativa los acróbatas que realizan un interesante dúo sobre el palo chino. Lamentamos la ausencia de menciones individuales para cada número en el programa de mano.
      Para sumar magia y crear el clima de atemporalidad que propone la puesta en escena (y el vestuario acompaña) es clave el diseño de iluminación, cuya responsabilidad corresponde a Gonzalo Córdoba. Los múltiples ángulos en que cada haz de luz se proyecta, crean un marco de ensueño que se completa perfectamente con la utilización de una máquina de humo en determinadas ocasiones. Esta cronista agradece el no abuso del recurso, a veces habitual y nocivo para el espectador.
      Por último, destacamos la idea de libertad que sobrevuela la obra y que, aunque suene contradictorio, está dada por una puesta en escena precisa, con un gran trabajo coreográfico que permite que la totalidad de los integrantes interactúen con completa autonomía pero sin dejar de cumplir el rol que les fue asignado. Así, observamos la fragilidad del cuerpo pero al mismo tiempo su fortaleza, el placer que sobreviene luego de asumir riesgos, la emoción que trae consigo cambiar la perspectiva horizontal de nuestro trajinar habitual por la verticalidad que nos vuelve irreverentes, ansiosos, incrédulos, genuinos, enteros; sanos y salvos de la bruta humanidad.

Larisa Rivarola

N. de la R.: Sanos y salvos volverá a ofrecerse hoy sábado 31-8, a las 20, y mañana domingo 1-9, a las 19, en Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131 (CABA) con entradas desde $80.

Foto de Hernán Paulos, cedida por Débora Lachter Comunicación.

Publicado el 31-8-2013.

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